Después de 64 años, la Panadería Millán dice adiós: se apagan los hornos que marcaron A Pontenova

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photo_camera Foto de archivo de la Panadería Millán de A Pontenova.
Este domingo 12 de octubre, los hornos se apagarán por última vez, poniendo fin a una historia de tradición y esfuerzo que comenzó en 1961

En una esquina tranquila de Santa Apolonia, a apenas un kilómetro de la salida de A Pontenova, el aroma a pan recién horneado ha acompañado durante más de seis décadas a vecinos y viajeros. Pero este domingo 12 de octubre, esos hornos, que tantas mañanas y noches han calentado la vida de tantas familias, apagarán su fuego por última vez. La Panadería Millán, un referente local desde 1961, dice adiós.

Lo que comenzó como un pequeño proyecto familiar se convirtió en una institución para la comarca, manteniendo durante todos estos años un proceso artesanal que requiere paciencia y dedicación: todo a mano y con fermentación completa para que el pan repose y alcance su sabor característico.

Con el paso del tiempo, Millán se adaptó a los nuevos desafíos del mercado, creando una página web y un blog que conectaban con clientes de Galicia, Asturias e incluso el País Vasco. A pesar de los cambios y la competencia de nuevos formatos de venta, la esencia se mantuvo: pan de país, empanadas artesanas y un servicio cercano que muchas veces se convirtió en amistad.

El emotivo mensaje compartido en redes sociales refleja la gratitud de los propietarios hacia los vecinos que les apoyaron durante 64 años: “Non sería posible que tivésemos tantos anos traballando se non fora porque depositastes a vosa confianza en nós… Gracias, pois, por deixarnos formar parte das vosas mesas todo este tempo e muita saúde, que é o máis importante. Un abrazo mui grande!”.

El cierre también evidencia realidades complejas: la despoblación de la zona, la escasez de trabajadores y los horarios extenuantes de un negocio artesanal abierto 363 días al año. Aun así, la Panadería Millán deja un legado de esfuerzo y tradición que permanecerá en la memoria de todos los que pasaron por su puerta.

Más allá del horno apagado, Millán seguirá viva en los recuerdos de quienes durante años esperaron pacientemente por su pan, en cada barra, en cada empanada y en cada saludo que convirtió una venta en un gesto de cercanía. Porque, al final, lo que se despide no es solo un negocio, sino una parte de la memoria colectiva de A Pontenova y sus alrededores.

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