Hay historias que no aparecen en los grandes titulares, pero que sostienen la vida cotidiana de los pueblos. Historias que nacen entre prados, escuelas, cocinas, oficinas o establos; relatos de trabajo silencioso, de sacrificios compartidos y de decisiones que marcaron generaciones. En Alfoz, muchas de esas historias tienen nombre de mujer.
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el Concello ha querido volver a poner rostro y voz a esas trayectorias con la tercera edición de la iniciativa “Mulleres de Alfoz”, una serie de infografías que recoge testimonios de vecinas del municipio y destaca su papel dentro de la comunidad. Mujeres de distintas edades, profesiones y parroquias que comparten algo en común: la convicción de que el esfuerzo, la independencia y la educación siguen siendo pilares para avanzar.
Desde el gobierno municipal recuerdan que «o 8 de marzo é unha data para reivindicar, pero tamén para recoñecer o papel imprescindible das mulleres na vida social, económica e cultural do noso concello». En municipios rurales como Alfoz, añaden, la igualdad también presenta retos específicos, «relacionados coa conciliación, as oportunidades laborais ou o acceso a servizos, polo que é necesario seguir traballando para garantir unha igualdade real e efectiva».
Las mujeres que protagonizan esta edición representan distintas generaciones, algunas nacidas en los años treinta y otras que hoy siguen en activo en sus profesiones. Sus recuerdos dibujan una línea clara: el mundo ha cambiado, pero todavía quedan pasos por dar.
Marisol Maseda, colaboradora en Casa Franco, reflexiona con cierta preocupación sobre el momento actual. «Que estamos chegando a un punto que imos para atrás. Estámonos facendo dependentes de quen non nos debemos facer… Ás veces penso que todo o que traballamos para ser independentes non valeu para nada», afirma. En su caso, hay una idea que resume su vida: la independencia. «De non vivir á conta de ninguén. Dende o minuto cero nunca ninguén me deu nada. Todo o que teño loiteino eu».
Para Josefa Pernas, trabajadora del servicio de ayuda en el hogar, el trabajo siempre fue una puerta hacia la libertad. Recuerda cómo empezó a coser siendo apenas una adolescente. «Aos 14 anos aprendín a coser e aos 16, ademais de traballar cosendo e limpando unha casa polas mañás, ensináballes a coser a outras rapazas polas tardes», relata. Una cultura del esfuerzo que en su casa era casi una norma: «Miña nai sempre nos dicía que traballáramos para ter cartos para nós».
En muchas de estas historias, la educación aparece como un punto de inflexión. Maruja García, auxiliar administrativa, lo explica con claridad: «Na miña época estudiábamos por necesidade. Nas nosas casas vías o traballo que había e estábamos abocados a seguilo se non nos formábamos». Gracias al apoyo de sus padres, pudo estudiar, algo que considera uno de los grandes logros de su generación.
Independencia para decidir el propio camino
Si hay un concepto que se repite entre estas voces es el de la independencia. María Jesús Ares, procuradora, lo expresa con convicción. «Agora a muller ten a súa independencia económica… Dende que a muller se integrou na vida laboral foi o mellor que se puido facer», asegura. Su propia trayectoria estuvo marcada por renuncias familiares, pero también por una determinación férrea para cumplir sus objetivos.
La educación también marcó profundamente la vida profesional de Susi Paz, maestra de inglés durante décadas. Recuerda con emoción el día de su jubilación, cuando el alumnado le preparó una sorpresa que todavía hoy le conmueve. «Grazas por dar vida á miña vida, fostes os fillos que non puiden ter», dice con gratitud.
Entre las mujeres de mayor edad, como Chicha Díaz Novo, maestra de 88 años, la memoria vuelve a los tiempos en los que marchar de casa era casi una aventura. «Leváranme a cabalo xa que era o medio que había… meu pai díxome que me volvera con el, pero eu quíxenme quedar e labrar o meu futuro», recuerda.
El trabajo invisible del rural
En el rural, muchas mujeres han tenido que compaginar múltiples responsabilidades. Mari Goás, ganadera, lo explica con naturalidad. Además de su trabajo en el campo, crió a sus hijas y cuidó de mayores de la familia. «Para poder atender a todo había que quitar tempo de onde fora… moitas veces o tempo sacábao de durmir», reconoce.
También Raquel Blanco, autónoma, valora la posibilidad de organizar su tiempo para criar a su hijo. «Ser xefa de min mesma axudoume a poder estar con el cando lle fixo falta», explica.
En esa misma línea, Pilar Martínez, trabajadora del servicio de ayuda en el hogar y acompañante en transporte escolar, destaca la satisfacción de trabajar con personas. «Tanto traballar con persoas maiores como cos nenos, encántame… desfruto do traballo e iso vale moito», resume.
Un mensaje para las nuevas generaciones
Si algo une a todas estas mujeres es el consejo que quieren transmitir a las niñas y jóvenes de Alfoz. Sus palabras hablan de formación, esfuerzo y valentía.
Marisol Maseda lo resume con contundencia: «Que non se deixen gobernar, que loiten polo seu futuro e as súas ideas».
Josefa Pernas insiste en la importancia de mirar al futuro con responsabilidad: «Que se formen, que traballen e que miren moito polo seu futuro… ninguén regala nada». Y Susi Paz añade una reflexión que bien podría servir de lema para toda la iniciativa: «A EDUCACIÓN é o principal “VESTIDO” para a festa da “VIDA”».
El Concello de Alfoz defiende que proyectos como este ayudan a construir referentes cercanos. «Iniciativas como ‘Mulleres de Alfoz’ permiten poñer rostro ás historias de vida das mulleres do noso municipio, visibilizando referentes e contribuíndo a construír unha sociedade máis xusta e igualitaria», señalan.
En la actualidad, lo inmediato suele eclipsar lo esencial, escuchar estas historias supone también una forma de reconocer el camino recorrido. Porque detrás de cada mujer de Alfoz hay una historia de trabajo, de decisiones difíciles y de sueños que, poco a poco, fueron abriendo puertas para quienes llegaron después. Y quizá ahí resida el verdadero sentido de este 8 de marzo en un pequeño municipio rural: recordar que la igualdad no se construye solo con leyes o discursos, sino también con vidas como estas, capaces de convertir el esfuerzo cotidiano en legado.