Sofía Andrushenko huyó de la guerra en su Ucrania natal y, hace unos meses, encontró una nueva vida en Foz. Dejó atrás su casa, su idioma, sus costumbres y a parte de su familia para empezar de cero en un destino desconocido. La violencia que devastó su tierra también le abrió una puerta: la posibilidad de reconstruirse. A los veinte años, habla con serenidad de lo que significó marcharse «hacia lo desconocido», de la soledad del comienzo y de cómo el arte se convirtió en su refugio. «La guerra me quitó todo menos las ganas de vivir y de crear», podría interpretarse entre sus reflexiones. Lo plantea sin dramatismo, pero con la certeza de quien ha aprendido que, incluso en medio del miedo, pueden brotar el talento y la esperanza.
-¿Cómo vivió los últimos años en su país natal antes de emigrar? ¿Desde allí dentro cambia la percepción que se
puede tener desde un plano internacional?
-Los últimos años los viví bastante bien. Tenía 16 años y estaba estudiando arte. Es una buena pregunta, porque, en realidad, fue una etapa muy cómoda. Cuando estás en tu país, tienes tus cosas: tu familia, tu casa; todo construido y preparado para tu vida. Pero cuando llegas a otro país sin nada, sin que tus padres puedan ayudarte, ya siendo adulto y sin tu propia vivienda ni nada, te sientes como un cero. En lo cultural, también noté muchos cambios. Al ser adolescente, fue un proceso fuerte. Cuando llegué a España, todavía conservaba mucho de mi cultura, porque la mayoría somos bastante conservadores. Pero, poco a poco, me fui abriendo y empecé a ver las cosas de una manera diferente, aunque positiva.
-¿Cómo es la adaptación a Foz? ¿Es muy diferente de Ucrania?
-La adaptación a Foz fue bastante sencilla. Después de haber vivido más de tres años en España, incluyendo dos en Madrid, ya estaba acostumbrada a adaptarme a nuevos entornos. En comparación con una gran ciudad, Foz es un lugar más pequeño, donde la gente es muy cercana y amable. Eso hizo que me sintiera acogida rápidamente y que la integración fuera muy natural.
-¿Por qué decidió marcharse a España y, en este país, se asentó en Foz?
-Vine a España porque siempre soñé con vivir en un lugar con sol, cerca del mar. En Ucrania hace mucho frío y el clima es muy diferente. Así que, para mí, España era como un sueño: buen tiempo, gente amable y una cultura muy alegre.
-¿Cómo vivió el momento en que decidió marcharse de Ucrania?
-Me marché de Ucrania con mi madre porque a los hombres no les permiten salir del país, ya que están obligados a ir al ejército. Por eso, la decisión fue todavía más complicada. Éramos solo las dos y no sabíamos qué nos esperaba. Fue como ir hacia lo desconocido, a un nuevo mundo, sin saber el idioma ni cómo sería la vida allí. Pero al final entendí que a veces hay que atreverse a dar ese paso, aunque dé miedo. Poco a poco, te vas acostumbrando, descubriendo cosas nuevas y adaptándote.
-¿Qué significa para usted la pintura?
-La pintura, para mí, es una forma de terapia y de autoconocimiento. Aunque no sea mi profesión principal, siempre me ayuda a analizar las cosas con calma. Cuando pinto, me tranquilizo, reflexiono y organizo mis pensamientos. Es un proceso muy psicológico que me permite conectar con mis emociones y encontrar equilibrio.
-¿Quiénes son sus pintores favoritos?
-Mis pintores favoritos son mis profesores de arte con los que estudié de forma presencial. Aunque ahora sigo estudiando en línea, siempre serán mis referentes, porque tuve la oportunidad de verlos, escucharlos y hablar con ellos. Eran grandes maestros y siempre los recordaré. Llevo todo lo que me enseñaron en mi memoria y en mi manera de pintar.
-¿Qué siente al pintar y por qué eligió la pintura?
-Elegí la pintura desde que tenía 13 años porque me gustó mucho. Conocí a los artistas en Ucrania y me impresionó su forma de ser. Hablo de artistas profesionales: personas sanas, elegantes e inteligentes, que leían mucho y estaban muy desarrolladas. Por eso quise formar parte de esa sociedad artística. Al pintar, siento lo mismo que he dicho antes: es una forma de tranquilizarme y de ordenar mis pensamientos. Me ayuda a concentrarme, reflexionar y expresar lo que siento.
-¿Cómo valora las dos exposiciones que ha hecho en Foz?
-Las exposiciones en Foz me impresionaron muchísimo. Hice una en Semana Santa y otra en agosto, y no podía imaginar que vendría tanta gente. Estoy muy agradecida a todos: a los gallegos, a los españoles, a todos los que vinieron a apoyarme. Fue algo espectacular y me siento muy feliz y agradecida por todo el apoyo y la ayuda que recibí.
-¿Compagina la pintura con los estudios?
-Actualmente, estudio pintura a distancia y trabajo en una cafetería. Además gestiono mis redes sociales dedicadas al arte. Pueden encontrarme en TikTok [@soficoart], YouTube [Sofiko], Instagram [@sofik.oart] y Facebook, donde comparto mi trabajo y proyectos.
-¿Echa de menos Ucrania?
-Claro que echo de menos Ucrania. Pero no tanto el país en sí como la educación que recibí allí. En Ucrania, la educación es más tradicional, más estricta en algunos valores, y eso me marcó mucho. Echo de menos esa forma de ser, de comportarse, de ser correctos y respetuosos. En España hay más libertad, lo que también es bueno, pero es una manera diferente de vivir y de educar.
-Usted tiene veinte años. ¿Cómo fue su vida en Ucrania desde que nació hasta que se marchó a España?
-Mi vida fue la de una chica normal. Crecí con mi hermano mayor y tuve una infancia tranquila, rodeada de mi familia. Como todos los niños, iba al colegio; lo terminé a los 15 años y después me matriculé en la formación profesional de Artes. Estudié allí un año y medio, hasta que, por causa de la guerra, tuve que dejar los estudios y marcharme a España.
-¿Qué fue lo más difícil al llegar a España?
-Por supuesto, lo más difícil fue el idioma, porque no sabíamos nada de español. Pero, gracias a los españoles, todo se organizó muy bien: nos prepararon clases de español para todos los ucranianos y asistíamos todos los días. Estoy muy agradecida, porque nos acogieron con mucha amabilidad, nos ayudaron muchísimo y siempre fueron muy abiertos. Me impresionó mucho esa actitud, la forma en que la gente aquí es tan agradable y siempre tiene la intención de ayudar.
-¿Qué apoyo ha recibido en Foz para continuar con su formación y su arte?
-He recibido mucho apoyo en Foz. Gracias al Concello, me ofrecieron un espacio para organizar mis exposiciones, lo cual fue muy importante para mí. También estoy muy agradecida a personas como Xesús do Breogán y Pablo Cid Gómez, que siempre me han apoyado y ayudado. Además, pude encontrar trabajo, que se lo agradezco mucho a Panificadora de EO y a su jefa Noa. Es algo que valoro mucho. Agradezco de corazón a todas las personas que me han visto con buenos ojos y han confiado en mí.
-¿Cree que la guerra cambió su forma de concebir el arte o de expresarse a través de la pintura?
-Sí. Antes yo pintaba cosas más académicas, más rígidas. Cuando llegué a España, después de todo lo que pasó con la guerra y con todo lo que se mueve en la mente, al principio seguía pintando igual, con ese estilo más cerrado, más raro incluso. Sin embargo, poco a poco, mi mente fue cambiando, abriéndose más a este país y empecé a pintar cosas más alegres, con más color. Fue como si mi pintura reflejara mi propio proceso interior: mientras yo me abría, mis cuadros también se llenaban de vida. Es un proceso muy profundo… Tan profundo que a veces ni sé cómo explicarlo.
-¿Cómo se imagina su vida dentro de veinte años?
-Dentro de 20 años, me imagino viviendo en España, haciendo algo que sea útil y que pueda ayudar a las personas. Me gustaría también tener mi propio espacio; algún estudio, taller o incluso un coffee gallery. Me emociona mucho la idea de poder crear algo propio. Si pienso en una vida ideal, también me gustaría formar mi propia familia. Pero, sobre todo, quiero sentirme realizada como persona, crecer y desarrollarme para poder sacar adelante mi vida y, también, apoyar a mi madre.