El incremento del precio del combustible vuelve a situar al sector del transporte en el centro del debate económico. Sin embargo, según explica Iván Marrube, responsable de la empresa logística Reyco, la subida del gasóleo no cambia la forma de trabajar de las compañías profesionales, aunque sí genera una enorme presión administrativa y económica.
Reyco, reconocida como Empresa del Año de A Mariña, cuenta con casi 30 años de trayectoria y más de 250 trabajadores, y se ha consolidado como una de las compañías de referencia del sector gracias a su crecimiento sostenido, la innovación y un modelo centrado en las personas.
Renegociar contratos «contrarreloj»
Marrube explica que el aumento del precio del combustible no obliga a modificar las rutas ni la operativa del transporte, pero sí tiene un efecto inmediato en la gestión empresarial.
«El incremento del combustible en absoluto cambia la forma de trabajar. Realmente lo que provoca es una situación de trabajo contra el reloj para actualizar todos los contratos de transporte y vincularlos al precio actual del gasoil», señala.
En el caso de Reyco, este proceso implica renegociar cientos de contratos con clientes en muy poco tiempo, una tarea que exige rapidez y coordinación.
«Al final estás contrarreloj, renegociando más de 300 contratos de transporte», explica Marrube.
Medidas de eficiencia permanentes
En cuanto a la reducción del consumo, el CEO de Reyco señala que las empresas de transporte profesionalizadas ya aplican de forma permanente medidas de eficiencia energética, independientemente del precio del combustible.
«Las medidas de reducción de combustible en una empresa profesionalizada de transporte están siempre en vigor, con independencia de que el precio sea un poco más alto o más bajo», afirma.
Estas medidas incluyen optimización de rutas, control del consumo o mejoras en la gestión de flotas, prácticas habituales en compañías del sector.
Un problema que va más allá del transporte
Para Marrube, el principal problema no está únicamente en el sector logístico, sino en el impacto que el encarecimiento energético está teniendo en toda la economía.
«El futuro se ve incierto, pero no solo para el transporte. Esto afecta a todo el sistema energético de un país», advierte.
Según explica, muchas industrias dependen directamente del gas para sus procesos productivos, y el incremento de este coste está siendo incluso mayor que el del gasóleo.
«Tenemos clientes que se plantean cerrar las fábricas de forma temporal mientras el coste de la energía no baje», señala.
Por este motivo, Marrube considera que la repercusión del coste del transporte en los clientes es mínima en comparación con los costes energéticos industriales.
«Hay clientes que nos dicen que la repercusión que les aplicamos los transportistas es ridícula comparada con el incremento que ellos tienen en energía», explica.
Repercutir los costes, pero con límites
En el sector del transporte existe la posibilidad de trasladar parte del incremento del combustible a los precios del servicio, pero Marrube advierte de que esto tiene límites.
«Nosotros podemos repercutir el incremento de costes, pero de poco sirve si nuestro cliente tiene que parar la actividad por los costes energéticos», señala.
En este sentido, insiste en que el problema es estructural y afecta al conjunto del tejido económico del país.
Más control sobre el mercado energético
Ante esta situación, Marrube considera que los gobiernos deberían ejercer mayor control sobre el mercado energético, especialmente para evitar posibles dinámicas especulativas.
«En el coste del combustible hay un componente especulativo muy grande. No sube en proporción a costes reales, sino a situaciones especulativas», afirma.
El empresario recuerda que durante la crisis energética de 2022 se aplicaron ayudas al combustible, aunque considera que no se diseñaron correctamente.
«Se subvencionó parte del precio del gasóleo, pero se planteó mal y al final las petroleras incrementaron aún más los precios aprovechando esa ayuda», explica.
Por ello, defiende que las administraciones deben diseñar medidas que realmente controlen el mercado y eviten incrementos desproporcionados.
Un sector preparado, pero pendiente del contexto
Pese a las dificultades, Marrube asegura que las empresas de transporte profesionalizadas cuentan con herramientas para adaptarse a estas situaciones, aunque advierte de que el contexto energético será clave en los próximos meses.
«Dentro de nuestro propio sector lo podemos controlar, pero lo preocupante es que afecta a toda la economía del país», concluye.