El fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más visible. La universidad, la formación profesional y las oportunidades laborales llevan a muchos jóvenes a ciudades como A Coruña, Santiago, Madrid u otras capitales europeas. El problema llega después: el retorno no siempre es una opción viable.
La fuga de talento como constante
Cada año, decenas de estudiantes de A Mariña completan sus estudios superiores fuera de la comarca. Ingenieros, sanitarios, docentes, perfiles técnicos o creativos que, una vez terminada su formación, se encuentran con un mercado laboral local limitado o poco diversificado.
El resultado es una dinámica repetida: formación fuera, empleo fuera, vida fuera.
En muchos casos, incluso cuando existe voluntad de volver, pesan factores como la estabilidad laboral, los salarios o la falta de oportunidades acordes al nivel de cualificación.
Un territorio que pierde población
La despoblación no solo afecta a los jóvenes. A Mariña vive también un proceso progresivo de envejecimiento, con un aumento de la población mayor y una reducción del número de habitantes en edad activa.
Este desequilibrio genera un efecto en cadena: menos población activa implica menos dinamismo económico, menos servicios y menos atractivo para nuevos proyectos empresariales.
Pero no todo es unidireccional
Sin embargo, no todos los caminos apuntan hacia la salida. En los últimos años han surgido historias de retorno: jóvenes que, tras una etapa fuera, deciden volver a su lugar de origen para emprender o desarrollar proyectos profesionales.
Algunos lo hacen buscando mejor calidad de vida, otros por la posibilidad de trabajar en remoto o por la oportunidad de emprender en sectores como el turismo, la tecnología o los servicios.
Estos casos, aunque todavía minoritarios, muestran que el regreso es posible si existen condiciones adecuadas.
Nuevos modelos de vida
El teletrabajo, la digitalización y el cambio de prioridades vitales han abierto una puerta diferente. Para una parte de la juventud, ya no todo pasa por vivir en grandes ciudades.
Cada vez se valora más el equilibrio entre trabajo y vida personal, el entorno natural o el coste de vida. En ese contexto, comarcas como A Mariña pueden jugar un papel relevante si logran adaptarse a estas nuevas demandas.
El reto está en convertir el territorio en una opción real, no solo sentimental.
El desafío de quedarse… o volver
La cuestión ya no es solo evitar la salida de jóvenes, sino crear razones suficientes para que quieran quedarse o regresar. Eso implica empleo cualificado, conectividad, vivienda accesible y oportunidades de desarrollo profesional.
Sin esos elementos, la despoblación seguirá avanzando de forma silenciosa.
Porque la pregunta ya no es solo cuántos se van, sino algo más profundo: qué tiene que ofrecer el territorio para que la vida vuelva a elegirse aquí.