El 28 de febrero marcó un punto de inflexión en la aviación internacional. Tras los ataques de EEUU e Israel contra Irán y la escalada militar posterior, varios países del Golfo cerraron o restringieron su espacio aéreo por motivos de seguridad. La medida afectó a algunos de los corredores aéreos más transitados del planeta, los que conectan Asia con Europa a través de grandes hubs como Dubái, Doha o Abu Dabi.
Las consecuencias se notaron de inmediato: vuelos cancelados, desvíos de rutas y aeropuertos saturados. Más de 3.000 vuelos fueron cancelados y miles sufrieron retrasos en apenas unos días, mientras aerolíneas de todo el mundo modificaban rutas o suspendían conexiones en la región.
El impacto no se limitó a Oriente Medio. Los efectos en cadena alcanzaron aeropuertos europeos como Madrid-Barajas, Frankfurt o Heathrow, con cientos de retrasos y cancelaciones derivadas de la reorganización de rutas y tripulaciones. Pero detrás de esos números hay historias personales. Algunas de ellas tienen acento de A Mariña.
“De repente todos los vuelos estaban cancelados”
Para Nines Domínguez, vecina de Ribadeo, el viaje a Dubái comenzó como unas vacaciones para visitar a su hermana. Llegó el 14 de febrero con la idea de pasar dos semanas y regresar el día 28 con sus padres.
Ese día comenzó la odisea. “Recibí un mensaje en el móvil diciendo que mi vuelo había sido modificado. Cuando llegué a la puerta de embarque vi que algunos vuelos se retrasaban, pero nada parecía grave. De repente anunciaron que el nuestro estaba cancelado por cierre del espacio aéreo”, relata.
El aeropuerto de Dubái, uno de los más transitados del mundo, se convirtió en pocas horas en un escenario de caos. “Fuimos a mirar las pantallas y todos los vuelos aparecían cancelados. Imagínate una terminal enorme llena de gente intentando buscar información. Nos dijeron que fuéramos a los mostradores de conexiones, pero allí tampoco sabían mucho más”. Las colas se prolongaron durante horas. “Entre pasar inmigración y esperar las maletas salimos del aeropuerto a las diez y media de la noche”. Durante las noches siguientes comenzaron a sonar alarmas en los móviles advirtiendo del riesgo de ataques. “Nos pedían que nos alejáramos de ventanas y puertas. Oíamos explosiones en el cielo. Sabíamos que eran interceptaciones de misiles o drones”.
El regreso tampoco fue sencillo. “Las aerolíneas enviaban mensajes confusos. Por un lado decían que te reubicarían automáticamente en otro vuelo y por otro que llamaras a un número de teléfono que siempre estaba saturado”. Finalmente decidió acudir personalmente a una oficina de la aerolínea. “Había una cola enorme. Fui a las ocho y media de la mañana, abrían a las nueve y hasta las once y media no conseguí entrar. Allí nos dieron billetes para el día 8 de marzo porque los anteriores ya estaban completos”.
Mientras tanto, la vida en la ciudad continuaba con relativa normalidad. “Los supermercados estaban abastecidos y la gente estaba tranquila. Lo único diferente era que había mucho menos tráfico porque las clases se hacían online y mucha gente trabajaba desde casa”.
De Bali a Kuala Lumpur: la otra odisea para volver a España
La situación fue aún más complicada para una pareja española que se encontraba viajando por el sudeste asiático. Él es natural de Ribadeo y ambos vivían unos días de vacaciones entre Tailandia y Bali cuando estalló el conflicto. “Llegamos a Kuala Lumpur y Etihad nos confirma que el vuelo está cancelado. Después de horas al teléfono conseguimos que nos reubicaran para el 7 de marzo”.
Pero el problema no terminó ahí. “El día 6 nos llega un correo diciendo que el vuelo se adelanta a las 8:40 de la mañana. En la aplicación no aparecía. Fuimos al aeropuerto de madrugada y allí nos dijeron que solo iban a volar residentes de Abu Dhabi y pasajeros con destino a Milán, París o Zúrich. Madrid no estaba en la lista”. La ayuda de la aerolínea fue prácticamente inexistente. “Lo único que nos dieron fue un papel conforme el vuelo estaba cancelado y otro con números de teléfono”. Intentaron comprar nuevos billetes, pero el precio se había disparado. “Los vuelos no bajaban de 1.500 o 2.000 euros por persona. Cuando ibas a pagar te decía que el precio había subido a 5.000”.
Finalmente encontraron una alternativa. “Hemos conseguido comprar un vuelo Kuala Lumpur–China y China–Madrid. Saldríamos el día 12 y llegaríamos a España el 14 si todo va bien”.
Estrés, gastos imprevistos y la incertidumbre de no saber cuándo volver
Durante días la pareja ha vivido pendiente del móvil y de las webs de aerolíneas. “Nuestra situación durante estos días ha sido complicada, primero por la incertidumbre de no saber cuándo volvemos a casa y más en esta situación bélica”. El coste del viaje se ha multiplicado. “Tenemos que pagar alojamientos, comidas y transporte. Por suerte podemos hacerlo, pero habrá mucha gente que no pueda permitirse estos gastos o un vuelo de 2.000 euros”. El desgaste psicológico también es evidente. “Llevamos una semana en estrés máximo buscando vuelos y hoteles baratos. El cuerpo está en alerta máxima y las ganas de volver a casa cada vez son mayores”.
Cómo la guerra ha alterado las rutas entre Asia y Europa
La crisis aérea se explica por la importancia estratégica del Golfo Pérsico en la aviación mundial. Los grandes hubs de Dubái, Doha o Abu Dabi funcionan como nodos de conexión entre Asia, Europa y África. Cuando el espacio aéreo de países como Irán, Irak o los Emiratos se restringe, los aviones deben desviarse por rutas mucho más largas, sobrevolando Asia Central, Turquía o el mar Arábigo. Eso implica más tiempo de vuelo y mayor consumo de combustible, lo que encarece el precio final del billete. Algunas aerolíneas ya han comenzado a aplicar recargos o a subir tarifas debido al aumento del coste del combustible. Además, muchas compañías han suspendido conexiones a destinos clave del Golfo y de Oriente Próximo mientras evalúan la seguridad de las rutas. El resultado es un efecto dominó en todo el sistema aéreo mundial.
Para las familias en A Mariña, los acontecimientos internacionales se viven con preocupación desde casa. Padres, hermanos y amigos siguen la evolución del conflicto mientras ayudan a buscar vuelos o soluciones desde España. “Queremos agradecer el apoyo de la familia y los amigos”, explica la pareja atrapada en Asia. “Nos ayudan a buscar vuelos y nos llaman para saber cómo estamos. Eso ahora mismo es muy importante”.
Después de días de incertidumbre, el regreso parece cada vez más cerca. Pero la experiencia deja claro cómo un conflicto geopolítico puede alterar la vida cotidiana de miles de personas en cuestión de horas. Lo resume Nines Domínguez tras regresar finalmente a Madrid: “Si te abstraías un poco, la vida allí era bastante normal. Pero cada alerta en el móvil te recordaba que estabas en medio de una situación que podía cambiar en cualquier momento”.
Y mientras las aerolíneas siguen reorganizando rutas y horarios, miles de viajeros en todo el mundo siguen pendientes de una única cosa: que su vuelo salga, por fin, rumbo a casa.