En pleno corazón de A Mariña, donde el paisaje suele asociarse al verde de los prados y al mar cercano, un viñedo de más de tres hectáreas rompe la imagen habitual del territorio y abre la puerta a nuevas formas de entender el rural gallego. Ese fue el escenario elegido por la conselleira do Medio Rural, María José Gómez, para subrayar el valor de la diversificación productiva en Galicia durante su visita a la finca A Azoreira, impulsada por el promotor Antonio Seijas.
La conselleira puso en valor que este tipo de iniciativas demuestran que el sector primario gallego no solo se mantiene vivo, sino que sigue explorando nuevas vías de desarrollo en zonas donde el viñedo no es tradicionalmente predominante. En este sentido, destacó que la explotación “exemplifica o amplo abano de oportunidades que ofrece o territorio galego”.
Gómez quiso además reconocer el trabajo del promotor de la plantación, al que atribuyó un papel clave en la puesta en marcha de este proyecto, basado en la apuesta por la calidad de los productos gallegos y en la gestión activa del territorio. Una gestión que, según subrayó, también contribuye a la prevención de incendios forestales, al favorecer el mantenimiento del terreno y reducir el abandono de superficies rurales.
El impulsor de la finca, Antonio Seijas, es además conocido por su vinculación con la promoción del vino gallego en otros contextos, como la organización de iniciativas relacionadas con la difusión del Albariño en Mallorca, donde reside habitualmente.
Durante su intervención, la conselleira también recordó el apoyo del Gobierno gallego al sector vitivinícola a través de distintas líneas de ayuda, que incluyen la reestructuración y reconversión del viñedo, la promoción en mercados internacionales, inversiones en elaboración y comercialización y programas específicos para la conservación del paisaje en zonas como la Ribeira Sacra. En conjunto, estas medidas suponen un esfuerzo anual de unos 12 millones de euros.
Un viñedo que abre debate sobre el futuro del rural
Más allá de la visita institucional, la finca A Azoreira se ha convertido en un ejemplo de cómo el rural gallego está evolucionando hacia modelos productivos más diversos y adaptados a nuevas oportunidades económicas. La presencia de viñedo en una zona como O Valadouro plantea también una reflexión más amplia: la capacidad del territorio para reinventarse sin perder su identidad, incorporando cultivos y proyectos que amplían las posibilidades del sector primario.
En un contexto marcado por el reto demográfico y la necesidad de fijar población, iniciativas como esta se presentan como pequeñas piezas de un cambio más profundo: el de un rural que busca futuro a través de la innovación, la diversificación y la puesta en valor de sus recursos.