Viveiro se rinde a la tradición: tortillas, música y reencuentros en la antesala a la Semana Santa

Día das Tortilla

Hay días que no necesitan grandes escenarios. Basta una tortilla, una mesa improvisada y gente con ganas de compartir. En Viveiro, ese día tiene nombre propio: el Día das Tortillas

El sol acompañó y Viveiro respondió. Desde primeras horas, el Parque Pernas Peón, en Covas, comenzó a llenarse de grupos de amigos, familias enteras y pandillas que, fieles a la tradición, no quisieron perderse una nueva edición del Día das Tortillas. A las doce del mediodía, la fiesta ya estaba en marcha.

Organizada por la asociación Viveiro en Festas, la cita volvió a demostrar por qué se ha consolidado como uno de los encuentros más especiales del inicio de la primavera en la localidad. Mesas improvisadas, neveras portátiles y tortillas recién hechas marcaron el paisaje de una jornada pensada para disfrutar sin prisas.

Durante toda la mañana y el mediodía, se sirvieron tortillas enteras por encargo —clásicas, con cebolla o con chorizo—, además de raciones que se despacharon hasta agotar existencias. La propuesta gastronómica, elaborada por Aquitania Vinoteca, fue uno de los grandes reclamos, aunque no el único.

Porque el Día das Tortillas no se entiende sin su ambiente. La música en directo de Verónica Cambón puso banda sonora a la sesión vermú, animando a los asistentes y contribuyendo a crear ese clima festivo que convierte esta cita en algo más que un simple evento gastronómico.

Pero más allá de lo que se ve, esta celebración guarda una historia que explica por qué sigue tan viva. El llamado Domingo das Tortillas, que en Viveiro coincide con el Domingo de Lázaro —el anterior al Domingo de Ramos—, tiene sus raíces en antiguas tradiciones religiosas vinculadas a la Cuaresma. Durante siglos, este período imponía estrictas normas de abstinencia alimentaria que limitaban el consumo de carne, huevos y productos lácteos.

 

 

Precisamente, el levantamiento de algunas de estas restricciones dio lugar a celebraciones populares como esta. La tortilla, elaborada a base de huevos, se convertía así en un símbolo de abundancia tras semanas de privaciones. Comerla en el campo, en conjunto, formaba parte de un ritual que marcaba la llegada de un nuevo ciclo.

En Viveiro, esa costumbre estuvo históricamente ligada al entorno de San Lázaro, donde vecinos y vecinas se reunían para comer al aire libre. Con el paso del tiempo, la tradición evolucionó, pero mantuvo intacto su espíritu: salir, compartir y celebrar.

Los mayores lo recordaban este domingo entre risas, evocando aquellos años en los que apenas había más que una tortilla y algo dulce para acompañar. Los más jóvenes, en cambio, viven la jornada como una fiesta abierta, con música, amigos y un ambiente que mezcla tradición y modernidad.

Ese carácter intergeneracional fue, una vez más, uno de los aspectos más destacados. Abuelos, padres e hijos compartieron espacio y mantel, demostrando que el Día das Tortillas sigue siendo una de esas pocas celebraciones capaces de unir a todo un pueblo.

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