Después de meses mirando al cielo sin recompensa, A Mariña volvió a reconocer el sol este fin de semana. Bastó que despejara para que la comarca entera saliera a la calle: terrazas llenas, paseos animados y comercios con movimiento desde primera hora. El buen tiempo cambió el ritmo en localidades como Ribadeo, Viveiro o Foz, donde la gente aprovechó cada rayo como si fuera un pequeño acontecimiento tras un invierno largo y gris
Durante las últimas semanas en A Mariña, el cielo fue una manta gris. Llovió sin pausa, encadenando borrascas y días cortos, hasta que muchos casi olvidaron cómo calentaba el sol. Por eso, cuando este fin de semana el tiempo dio tregua, no hizo falta convocar a nadie: la gente salió sola. Como si la comarca entera hubiera estado conteniendo la respiración y, de repente, pudiera volver a llenarse los pulmones y sobretodo, de la tan ansiada vitamina D.
Este fin de semana, las calles de A Mariña ya tenían otro pulso. No era solo cuestión de luz, sino de ambiente. Se notaba en las conversaciones, en las prisas relajadas, en las terrazas que volvían a llenarse como hacía tiempo no se veía.
En Ribadeo hubo abarrote de gente durante todo el fin de semana y el buen tiempo se mantuvo durante la apertura del comercio los domingos por la mañana, una combinación perfecta. Desde primera hora, el centro se fue animando con vecinos y con muchos visitantes llegados del occidente asturiano, que cruzaron el puente atraídos por las compras y, de paso, por un vermú al sol. Las terrazas del Cantón y de San Roque estaban llenas, con camareros sin parar y mesas ocupadas durante horas. “Hacía falta un día así”, comentaban algunos comerciantes, mientras veían entrar y salir gente con bolsas en la mano y ganas de quedarse un rato más.
El mismo escenario se repetía en Viveiro, donde el sol acompañó durante toda la jornada. El paseo marítimo volvió a ser punto de encuentro y las terrazas se llenaron de grupos de amigos y familias que estiraban la sobremesa. No había prisa. Después de tanto invierno, nadie quería desaprovechar el día.
En Foz, el arenal y el paseo se convirtieron en un ir y venir constante. Gente caminando, bicicletas, cafés al sol y esa sensación de que, por fin, el tiempo estaba del lado de la calle. En Burela, el ambiente fue similar: terrazas llenas, conversaciones largas y la sensación compartida de estar viviendo algo sencillo, pero muy esperado.
La jornada también tuvo sabor a despedida del Entroido. En Lourenzá, el tradicional domingo de piñata pone el broche final a la fiesta, con participación y buen ambiente, favorecidos por un tiempo que invita a quedarse. Ayer, Mondoñedo había cerrado su Entroido con una alta participación, algo que muchos atribuían, sin dudarlo, al buen tiempo: con sol, todo suma.
No hubo grandes eventos ni titulares espectaculares. Lo que hubo fue vida. Mesas ocupadas hasta el último rincón, niños jugando en las plazas, conversaciones que se alargaban más de la cuenta y esa sensación compartida de alivio. En A Mariña, este fin de semana, el sol no fue solo una cuestión meteorológica. Fue casi un acontecimiento social. Cuando por fin sale el sol, nadie quiere quedarse en casa.