Con la campaña navideña asomando y sin dirección al mando, Sargadelos se adentra en un escenario inédito: fábrica cerrada, plantilla bloqueada y un pulso entre empresa y administración que puede decidir el futuro de la cerámica más reconocida del país
Sargadelos afronta uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La planta de producción de Cervo continúa cerrada por decisión de su propietario, Segismundo García, que justifica la medida en la existencia de “graves problemas de higiene laboral” en las instalaciones. Una decisión que llega justo cuando la campaña de Navidad —clave para las ventas— empieza a tomar velocidad y que amenaza con dejar desabastecidos a numerosos puntos de venta.
García sostiene que la fábrica presenta una docena de deficiencias estructurales, desde presencia de uralita hasta elementos que no cumplen la normativa de seguridad. Critica además la disparidad de criterios en las inspecciones laborales y denuncia que ese “doble rasero” provoca desigualdades entre empresas y distorsiona la competencia.
El conflicto adquiere una dimensión inédita porque Sargadelos está, literalmente, sin dirección. El propio García ha renunciado a sus funciones de CEO y gerente, lo que deja a la compañía sin una figura con capacidad de decisión en un momento crítico.
A esto se suma otro elemento de tensión: la Xunta ha rechazado el ERTE que la empresa había solicitado para los 86 trabajadores de la planta. En consecuencia, la actividad debería retomarse de inmediato, pero el cierre continúa. Ante esta contradicción, los empleados volverán a presentarse este lunes a las puertas de la fábrica para cumplir con su jornada, siguiendo recomendaciones legales, aunque no se espera que puedan acceder.
Fuentes jurídicas apuntan a que la situación podría considerarse cierre patronal, lo que abriría la puerta a sanciones para la empresa si persiste en impedir la entrada de la plantilla.
La preocupación ya ha saltado al ámbito político. La Xunta ha pedido al propietario “seriedad” y respeto a la legalidad, mientras que el BNG reclama una intervención rápida y contundente para evitar la pérdida de empleos y garantizar la continuidad de una marca que considera un símbolo cultural de Galicia.
Un gigante cultural en vilo
Paradójicamente, Sargadelos llega a este choque interno en un momento de expansión comercial: nuevas tiendas, presencia en museos y una creciente proyección exterior que anticipaba una campaña navideña especialmente fuerte.
Pero el carácter imprevisible de García vuelve a marcar el destino de la firma. Con la planta cerrada, el propietario fuera del país por un viaje previsto y 86 familias pendientes de un desenlace incierto, el futuro inmediato de Sargadelos permanece en un terreno desconocido. La gran incógnita sigue sin resolverse: ¿cuándo y cómo volverá a encenderse el horno de Cervo?