Celebramos la vida que nos rodea: las Reservas de la Biosfera, un tesoro compartido

Fotografía: Turismo de Galicia.

En este día internacional, recordamos la importancia de proteger paisajes, ríos y montañas que hablan de historia, biodiversidad y modos de vida sostenibles que perduran en el tiempo

Cada 3 de noviembre celebramos el Día Internacional de las Reservas de la Biosfera, una ocasión para reconocer la importancia de proteger aquellos lugares donde la naturaleza, la cultura y la vida humana conviven en equilibrio. Las Reservas de la Biosfera son espacios reconocidos por la UNESCO por su valor ecológico y por fomentar un modelo de desarrollo sostenible que respete el entorno y a las comunidades que lo habitan. Son territorios donde se demuestra que es posible vivir de la naturaleza sin destruirla, aprendiendo de ella y construyendo un futuro común más justo y saludable.

La provincia de Lugo es un referente en España en este sentido. Aquí se encuentran tres Reservas de la Biosfera que forman parte de la identidad profunda del territorio: Terras do Miño, Río Eo, Oscos e Terras de Burón, y Os Ancares Lucenses e Montes de Cervantes, Navia e Becerreá. Cada una de ellas refleja la riqueza de los paisajes gallegos y la estrecha relación entre el ser humano y el medio natural.

Terras do Miño se despliega alrededor del gran río que da nombre a Galicia. Sus humedales, bosques de ribera y praderas acogen una biodiversidad extraordinaria. Aquí el paisaje se puede recorrer con calma, siguiendo sendas suaves, entre molinos tradicionales y aldeas que mantienen vivas las costumbres rurales y una gastronomía basada en productos locales y de temporada.

Hacia el este, la Reserva del Río Eo, Oscos e Terras de Burón nos invita a seguir el curso del río que nace entre montañas y llega al Cantábrico formando un estuario lleno de vida. El vínculo con el Occidente asturiano se hace especialmente visible siendo un espacio compartido que demuestra que la naturaleza no entiende de fronteras. Las aldeas, los bosques y los valles de ambos territorios comparten historia, cultura y modos de vida tradicionales que se han conservado gracias al respeto por el entorno. La arquitectura popular, la artesanía, la producción agrícola a pequeña escala y la gastronomía de montaña cuentan una misma historia de convivencia armónica con el paisaje. Es un territorio que se descubre despacio, siguiendo el curso del río, escuchando el sonido del bosque y reconociendo en sus gentes la memoria viva de la relación entre humanidad y naturaleza.

Más al sur se elevan los Ancares Lucenses, donde la montaña se vuelve protagonista. Aquí la tradición se conserva en las pallozas, construcciones ancestrales que cuentan historias de convivencia respetuosa con la naturaleza. Los valles profundos, los castañares y los senderos de altura ofrecen paisajes que emocionan por su belleza y autenticidad.

Estas Reservas son un tesoro vivo. Visitarlas es una invitación a viajar con sensibilidad, a caminar con respeto y a descubrir que la sostenibilidad no es solo una idea: es una forma de vida que en nuestra zona lleva siglos practicándose.