La Fraga de Catasós, el bosque que conserva la memoria del Deza
A pocos kilómetros del centro de Lalín, entre los caminos que conectan Santiago y Ourense, se abre un espacio natural que parece detenido en el tiempo. La Fraga de Catasós guarda en silencio un conjunto de robles y castaños centenarios que hablan de otra forma de vivir y de entender el territorio.
Durante siglos, estos árboles fueron parte esencial de la vida cotidiana. Las castañas alimentaron a generaciones enteras en los inviernos más duros, mientras que la madera de sus troncos rectos y robustos sirvió para levantar vigas y estructuras de pazos y casas señoriales de la comarca del Deza. Hoy, ese pasado sigue presente entre raíces profundas y copas que se elevan con majestuosidad.
Declarada Monumento Natural, la fraga es actualmente uno de los mejores ejemplos de bosque caducifolio atlántico conservado en Galicia. Sus árboles, considerados entre los más altos de Europa, crecen protegidos, desafiando al cielo y ofreciendo un espectáculo natural que sorprende por su verticalidad y su armonía.
Recorrerla es sencillo y accesible. Un sendero corto, cubierto por hojas secas en otoño y por sombras frescas en verano, permite adentrarse en este pequeño pero intenso pulmón verde. A lo largo del camino, los paneles informativos ayudan a interpretar el paisaje, explicando el valor ecológico, histórico y cultural de un espacio que, pese a su reducida extensión, concentra una enorme riqueza natural.
La Fraga de Catasós no es solo un lugar para pasear, sino un refugio donde entender cómo era Galicia antes de la transformación del territorio. Un rincón íntimo y sereno que invita a caminar despacio y a escuchar lo que el bosque aún tiene que contar.