San Xoán da Cova, la iglesia románica que se negó a desaparecer bajo las aguas del Miño

Imgen: Galicia Máxica.

Antes de que el embalse de Os Peares cambiara para siempre el curso del Miño, la iglesia de San Xoán da Cova se alzaba casi a orillas del río. Hoy, desplazada a una cota superior, sigue siendo una de las joyas del románico de la Ribeira Sacra y un símbolo de cómo el patrimonio gallego logró sobrevivir al avance del agua

No todas las iglesias románicas de Galicia permanecen ancladas al lugar para el que fueron concebidas. San Xoán da Cova es una excepción marcada por la historia reciente: un templo medieval que tuvo que ser desmontado y reconstruido para escapar del avance de las aguas del Miño. Hoy, elevada sobre el embalse de Os Peares, sigue dialogando con el paisaje de la Ribeira Sacra como una pieza rescatada del pasado.

Antes de 1952, el templo se alzaba mucho más abajo, casi a orillas del río, integrado de forma natural en un paisaje hoy irrecuperable. La construcción del embalse obligó a desmontar y reconstruir la iglesia piedra a piedra en una cota superior, en una operación pionera que anticipó el posterior traslado de San Nicolás de Portomarín.

Las primeras referencias documentales a San Xoán da Cova se remontan al siglo X, cuando existía en este lugar un antiguo monasterio. A comienzos del siglo XII pasó a ser un cenobio femenino benedictino, momento en el que se levanta el edificio románico que ha llegado hasta nuestros días. A lo largo de su historia, el monasterio dependió de centros como Chouzán, Oseira y, ya en el siglo XVI, San Paio de Antealtares.

El templo fue construido entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, aprovechando probablemente restos de un edificio prerrománico anterior. Su valor histórico y artístico llevó a que fuese declarado Monumento Nacional en 1950, una decisión fundamental que permitió su conservación y posterior traslado.

La compleja operación fue dirigida por el arquitecto Francisco Pons-Sorolla, responsable también de los traslados de Santo Estevo de Chouzán y San Nicolás de Portomarín, tres hitos fundamentales en la historia de la protección patrimonial en Galicia.

Un románico de transición, con huellas del barroco

San Xoán da Cova es un ejemplo claro de románico de transición hacia el gótico, con añadidos barrocos del siglo XVIII. La iglesia presenta planta rectangular, dividida en dos tramos y rematada por un ábside semicircular.

La fachada occidental concentra algunos de los elementos más destacados: una portada de arco de medio punto con tres arquivoltas apoyadas sobre columnas con capiteles de decoración vegetal muy marcada. En el tímpano se conserva una inscripción latina que alude al donante de la obra, el soldado Pedro García, quien costeó la construcción del templo “en honor de Jesucristo y de la siempre Virgen María”.

Sobre la portada se alza una espadana barroca de doble campanario, con pináculos y bolardos, que contrasta con la sobriedad románica del conjunto.

Uno de los espacios más singulares del edificio se encuentra en el muro norte. Allí se conserva la portada de una capilla anexa que no pudo ser trasladada tras la construcción del embalse. Se trata de un acceso de arco apuntado, con doble arquivolta apoyada en columnas decoradas con entrelazos y motivos vegetales, donde ya se percibe claramente la influencia gótica.

En este mismo muro se localiza uno de los elementos más emotivos del conjunto: un sepulcro exterior bajo arcosolio, con la estatua yacente de la madre abadesa del monasterio, testimonio silencioso del pasado femenino y monástico del lugar.

El interior del templo mantiene una estética austera, acorde con su origen monástico. Destaca el arco triunfal, moldurado en bocel de media caña y decorado con botones en la rosca. Entre los elementos más singulares se conservan dos piezas excepcionales: la pila bautismal y la pila de agua bendita, ambas medievales y datadas en torno al siglo XIII. Los materiales también reflejan la adaptación al entorno: granito en fachada, contrafuertes y ábside; pizarra en los muros laterales, integrando el edificio en la tradición constructiva de la Ribeira Sacra.

Imagen: Galicia Máxica.

 

Un patrimonio que sobrevivió gracias a la memoria

Hoy, San Xoán da Cova sigue cumpliendo su función como iglesia de la Diócesis de Lugo, pero su ubicación actual es solo una sombra del enclave original, perdido bajo las aguas del embalse. Su traslado salvó la piedra, pero no el paisaje que la rodeaba.

Aun así, el templo permanece como un ejemplo excepcional de conservación patrimonial, un testigo del románico rural gallego y un recordatorio de las decisiones —acertadas y dolorosas— que marcaron el territorio en el siglo XX.

Porque en San Xoán da Cova no solo se visita una iglesia: se recorre una historia que estuvo a punto de desaparecer.