El fotógrafo José Joaquín Miláns del Bosch y su amor por la comarca: «Soy del Eo y de sus dos orillas»

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Nació en Madrid, sirvió al país como coronel en múltiples misiones internacionales, pero su alma siempre estuvo en la comarca del Eo. José Joaquín Miláns del Bosch ha regresado a Ribadeo para vivir su jubilación y ha encontrado en la fotografía el vehículo perfecto para inmortalizar la tierra que lo vio crecer

José Joaquín Miláns del Bosch es una persona cuya vida ha sido un camino fascinante entre el mundo militar y la creación artística. Aunque nació en Madrid, sus raíces y su corazón están profundamente ligados a la Comarca del Eo. Después de una destacada carrera que lo llevó por muchos rincones del mundo, decidió volver a Ribadeo para quedarse. Con su profunda sensibilidad y su talento, que plasma en cada una de sus fotografías, José Joaquín ha conseguido algo muy especial: conectar a miles de personas que viven lejos con esta tierra. Sus imágenes son más que simples paisajes; son un bálsamo para la morriña, un recuerdo que nos abraza y nos invita a volver.

¿Cuál es su vínculo con la zona de A Mariña y el Occidente asturiano?
Mi padre tenía de herencia familiar una “casona asturiana” en Santiago de Abres, Parroquia de Vegadeo, y desde que nací pasaba mis veranos en esa pequeña aldea y las playas que frecuentábamos eran las de Tapia y Peñarronda en el lado asturiano, y la de Os Castros y Reinante, en el lado gallego. Además, teníamos también familia (tíos, primos,) en Ribadeo y solíamos comprar en los comercios y mercado de Vegadeo porque nos quedaba más cerca de Abres. Estoy hablando de principios de los años 60 del pasado siglo. Por todo ello yo me siento “del Eo”, del río y de la ría que me vieron crecer y, aunque esté residiendo en la actualidad en Ribadeo, también me siento como si fuera de Vegadeo, Figueras o Castropol. Soy del Eo y de sus dos orillas.

¿Ribadeo y la comarca siempre han sido el lugar al que regresar durante su vida fuera?
Ribadeo y su comarca siempre ha sido mi refugio donde escaparme y disfrutar durante un tiempo de los amigos, familia, naturaleza, paisajes, gastronomía, ría, playas y, desde luego, donde se activa siempre mi creatividad y espíritu artístico. El dicho popular de que “uno no es de donde nace sino de donde pace” tiene sentido en mí. Como en casa no se está mejor que en otro lugar. Además, esta comarca me regala más recuerdos de mi madre, a la que perdí cuando tenía 9 años, que, en Madrid, donde nací y pasé mi infancia. Y también me siento muy vinculado a esta zona por el Camino de Santiago del Norte, ya que mi padre, a raíz de unos archivos encontrados en la casa de Abres, descubrió y promocionó la variante histórica del Camino Norte desde Ribadeo a Mondoñedo pasando por Abres donde existía antaño un hospital de peregrinos y un único puente que atravesaba el Eo desde el mar para seguir en dirección a Trabada y Mondoñedo.

Ha vivido en varias ciudades y recorrido muchos países. ¿Qué tiene de especial esta zona que hace que todo el que la visita se quede prendado?
La ría y su entorno siempre me ha cautivado, no me canso de mirarla y de disfrutarla. Se puede decir que estoy enamorado de ella, de esa línea azul y líquida que no separa comunidades, sino que, todo lo contrario, están unidas por un mismo sentimiento. Esta zona es como un paraíso, un regalo para los ojos y por ese motivo, entiendo que todas las personas que la visita se quedan también enamorados a primera vista. Intento que mi hija, Inés, también sienta el mismo amor hacia esta comarca como la siento yo. Aunque ella no se dedica a la fotografía, ha heredado mi faceta artística con sus dibujos estilo naif (“touchofines” en Instagram), pero ella realmente es actriz, habiendo tomado parte en cortos, series y películas suecas y también americanas al comienzo de su carrera ya que se formó en Nueva York y Los Ángeles.

Ha desarrollado un ojo artístico muy particular que se percibe en cada una de sus fotografías. ¿Cuál fue su primer contacto con la fotografía y cómo nació esa afición?
Mi padre también era aficionado a la fotografía y a grabar con uno de esos tomavistas de película super 8 que en esos años 60 existían. A veces, a esa temprana edad, me dejaba grabar un poco y él me corregía. Pero realmente fue cuando, ya huérfano de madre e interno en un colegio, me regaló mi primera cámara de fotos para que me entretuviera y que aún conservo como una reliquia. Era una Agfa Isopak de carrete y con un único botón para disparar. Y comencé a sacar fotos de familia y paisajes. A esa edad ya pintaba y dibujaba bien y ese sentido artístico me ayudaba a la hora de elegir la composición de una foto. Era una forma de cultivar mi creatividad que iba aumentando con la experiencia en el transcurrir de los años.

Con todo lo que ha vivido y la actividad constante de su carrera, mucha gente se pregunta cómo se ocupa ahora de su tiempo. 
Ahora, en Ribadeo, suelo acudir a actividades y eventos populares que organizan los pueblos del entorno, para empaparme de sus tradiciones y cultura. De paso los fotografío con mi cámara o los grabo con mi móvil para más tarde publicarlo en redes sociales. Quedo también con amigos, charlando con un buen café, reuniéndonos de vez en cuando para comer o echarnos unas risas. Pero también me dedico a buscar, conduciendo mi coche, nuevos rincones cerca de Ribadeo para encontrarme con lugares mágicos, ya sean junto al mar o en el interior, y dignos de fotografiar por su belleza. Leo, escribo, respondo a los comentarios a mis publicaciones en redes sociales, que son bastantes -solo en Facebook tengo casi 40.000 seguidores- y que me supone algún tiempo pegado al móvil. Quiero retomar mi pintura que lo dejé hace bastantes años y que ahora puedo dedicar más tiempo a esa disciplina artística. Además, acudiré aquí en Ribadeo por tercer año consecutivo a mi clase semanal de violín, un instrumento cuyo sonido me fascina, aunque sea un poco complicado y largo su aprendizaje. En fin, siempre estoy activo, pero también confieso que, ahora jubilado, me gusta alguna que otra vez disfrutar del “dolce far niente” (la dulzura de no hacer nada) y dejar volar a mi imaginación, soñando despierto.

¿Qué le inspira de Ribadeo y la comarca a la hora de elegir los lugares que fotografía?
Esta comarca del Eo y del Cantábrico es tan variada y bella que, aunque ya la he fotografiado desde casi todos los rincones, es una fuente inagotable de inspiración y de emoción. Me encantan sus atardeceres y amaneceres, sus vendavales y nordeses, sus cielos y nubes, sus verdes y turquesas, sus azules y grises, sus abriles y septiembres. La verdad es que no hay dos días iguales, la luz y las condiciones atmosféricas hacen que los días sean diferentes y dignos de ser captados por mi cámara.

¿Existe algún rincón que considere especialmente emblemático o representativo?
Si nombrara una docena de lugares de esta zona, seguramente me quedaría corto. Voy a ser más simple y voy a comentar únicamente dos rincones por no extenderme, uno en la parte asturiana y otro en la gallega. De la orilla asturiana me quedo con el pueblo de Castropol, ese pueblo de cuento de hadas, con sus casitas presumidas que se asoman a la ría y su torre campanario que sobre un promontorio es testigo de tanta belleza. En la parte gallega elijo la playa de As Catedrais cuando amanece, un día cualquiera fuera de las aglomeraciones humanas, sin gente, cuando se siente en toda su magnitud la luz y el sonido de la naturaleza. Sobrecoge.

¿Qué papel cree que juegan sus fotografías a la hora de transmitir la esencia de Ribadeo a quienes viven fuera? Actualmente cuenta con 39.000 seguidores en Facebook.
Ribadeo es por sí mismo un lugar que atrae turismo, especialmente por la playa de As Catedrais que todos quieren conocer. Pero fuera de las vacaciones estivales, me dice mucha gente que mis fotografías y vídeos producen cierta melancolía o “morriña” y ganas de volver, no solo a los veraneantes habituales de esta comarca sino también a otras personas que, teniendo una relación familiar o nacidas aquí, se encuentran viviendo fuera. Incluso amigos o conocidos míos de lugares en el que he vivido anteriormente y que me siguen en mis publicaciones, como por ejemplo Ceuta que fue mi último destino militar en activo, me confiesan que han venido a Ribadeo por mis fotografías. Para mí es una satisfacción transmitir con mis imágenes este tipo de sentimientos y, de algún modo, promocionar Ribadeo y su comarca.

En los comentarios de sus fotos se percibe que funcionan casi como un foro donde la gente comparte recuerdos, vivencias de las fiestas y momentos especiales. ¿Es así?
Sí, es así. Mis publicaciones gustan a muchas personas que están esperando a mi foto o vídeo del día para comentar, agradecer y crear un diálogo enriquecedor de experiencias y momentos especiales en sus vidas. Suelo contestar a comentarios extensos o poner un “megusta” si es más corto. No puedo contestar a todos los comentarios con otro comentario porque si no estaría pegado a mi móvil todo el día. Intento con la imagen, con el texto en prosa poética a pie de foto o con el título y la música de mis videos llegar al alma de mis seguidores, remover sus sentimientos, emocionarme y emocionar. Sin emoción no hay arte. Quiero ser ese poeta de la imagen que algunos me definen.

Si tuviera que elegir una fotografía que resumiera la esencia de Ribadeo, ¿cuál sería y por qué?
Para mí la imagen mas representativa e icónica de Ribadeo es la de la Torre de Los Moreno, ejemplo destacado de la arquitectura indiana en Galicia. La he fotografiado muchas veces, a sus cuatro cariátides sujetando una cúpula cubierta de cerámica vidriada roja que la hace única. Yo las llamo las cuatro doncellas de Ribadeo que, al ser de piedra, las hace inmortales con el paso del tiempo.

Para finalizar, estamos a pocos días de la celebración de las fiestas patronales. ¿Qué recuerdos conserva de su infancia y cómo las vive actualmente?
Las fiestas eran, y siguen siendo, un evento central en la vida de Ribadeo. De pequeño recuerdo que, durante esos días, la villa se vestía de gala. Las calles céntricas se llenaban de adornos, gigantes y cabezudos, risas, música y vecinos que salían a compartir tradiciones y alegrías. Ya cuando era un mozo, como tantos otros, esperaba esos días con impaciencia, no solo por la emoción de la fiesta, sino por todo lo que simbolizaba: libertad, encuentro, baile, juventud... y, por supuesto, algún que otro cubata de más. Ahora, busco más tranquilidad, la compañía de amigos, fotografiar la procesión de nuestra Patrona, Santa María del Campo, disfrutar de sus puestos y calles, recordando que rápido pasa el tiempo.

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