El Centro Asistencial San Pablo de Mondoñedo, Premio Aquí Diario a la iniciativa social: «Cada gesto hacia ellos cuenta»

El Centro Asistencial San Pablo y San Lázaro, gestionado por las Hijas de la Caridad, es un referente en Mondoñedo y en Galicia por su atención a personas con discapacidad física y psíquica, su implicación comunitaria y su ambiente familiar

El Centro Asistencial San Pablo y San Lázaro de Mondoñedo —gestionado por las Hijas de la Caridad y dedicado al cuidado de personas con discapacidad física y psíquica— acaba de recibir el Premio Aquí Diario a la iniciativa social de A Mariña. Referente en Galicia por su labor comunitaria, su trato humano y su ambiente familiar, el centro participa activamente en las iniciativas del municipio, contribuyendo a la inclusión social y al bienestar colectivo. Sor Dolores, su directora titular, reflexiona sobre el significado del galardón y la misión histórica de la institución.

— ¿Qué significa para usted y para el centro recibir el Premio de Aquí Diario a la iniciativa social de A Mariña?
— Todo lo que sea visibilizar el colectivo con el que estamos es positivo y beneficioso. En la actualidad hay recursos muy necesarios que están casi cubiertos a nivel material, pero siguen siendo considerados un “aparte” de la sociedad. Siguen siendo incómodos en muchos espacios.
Este premio nos anima a seguir luchando por sus derechos y a que tengan su espacio vital como lo tenemos todos.

— Trabajan o residen en un edificio histórico, con orígenes en el siglo XVIII, y desde 1872 las Hijas de la Caridad están al frente de su gestión. ¿Cómo definiría hoy la misión del centro?
— La misión del centro es la misma que en el siglo XVIII porque sigue vigente en la actualidad: atender, como decían nuestros fundadores, de forma efectiva y afectiva a los que necesitan una mano amiga, que les recuerde que no están solos, que son importantes y que Dios les ama.

— Desde el punto de vista humano y vocacional, ¿qué es lo más gratificante de esta labor?
— Humanamente, el enfrentarte cada día a la limitación enseña a relativizar muchas cosas, muchos problemas, a agradecer cada día de vida. Vocacionalmente, entendiendo vocación como interés en un determinado trabajo, es gratificante ir superando obstáculos de comunicación y comprensión con los residentes; es gratificante sus abrazos, su aceptación. Como consagrada, el saberme entregada a los preferidos de Dios ya me es gratificante, pero además la alegría contagiosa de nuestros residentes, su paz y esperanza los hace presencia viva de Cristo resucitado.

«Humanamente, el enfrentarte cada día a la limitación enseña a relativizar muchas cosas»

— ¿Cuántas religiosas forman actualmente la comunidad encargada de esta labor en San Pablo?
— Estamos 7 Hijas de la Caridad, no todas en activo, pero sí todas activas. La presencia de las hermanas aporta la estabilidad afectiva a muchos residentes que llevan muchos años en el centro y apenas tienen contacto con sus familiares.

— A lo largo de su historia, el edificio fue leprosería, hospital general, casa cuna… ¿Cómo interpreta la evolución del centro hasta convertirse en el servicio especializado que es hoy?
— San Vicente decía que no nos adelantáramos a la Providencia. Dios va dirigiendo el camino de nuestras obras. Cuando se fue terminando la lepra e hizo falta hospital, cuando dejaban niños en el torno y aún no existían los hogares de acogida… En cada momento unos servicios son necesarios y no son atendidos por los organismos; cuando ya están cubiertos nos redirigimos y vamos hacia lo que no está todavía en la agenda sociopolítica, pero sí en la de Dios. El Centro San Pablo se ha ido adaptando y avanzando día a día, y sigue cuestionándose en cada momento y pensando en cada residente de forma personalizada para que también disfruten de la vida.

— ¿Cuántas plazas residenciales tiene hoy San Pablo?
— Tenemos 50 plazas.

— ¿Con cuántos trabajadores cuenta el centro asistencial en la actualidad?
— Aproximadamente 50 personas entre técnicos, cuidadores y personal de cocina y limpieza.

— ¿Cómo es el día a día en un lugar que atiende a personas que requieren más cuidados y acompañamiento?
— Es con atención al 100%. Cuando se está trabajando con personas es muy exigente; si además estas, muchas veces, no saben expresar lo que necesitan, somos quienes las atendemos los que debemos adelantarnos a sus necesidades. Hay que aprender el lenguaje de cada residente, que en la mayoría de los casos es único y especial: cada gesto es un mensaje, cada sonido una conversación.

«Es gratificante ir superando obstáculos de comunicación y comprensión con los residentes»

— El centro es conocido por su ambiente familiar. ¿Cómo describiría usted ese clima tan característico de San Pablo?
— Entre los residentes se vive como una familia: todos se conocen y se preocupan unos por otros. Como en cualquier familia, algunas veces hay celos y pequeñas rencillas, pero que saben perdonar.
Cualquiera que entra se encuentra con calor humano, besos, abrazos, saludos. Pero también con una acogida incondicional que no juzga, que solo ve a un amigo que llega.

— Las personas residentes participan en numerosas iniciativas del municipio. ¿Qué importancia tiene para ustedes esa integración en la vida de Mondoñedo?
— Para el centro es de gran importancia esta integración, especialmente las invitaciones a participar en las actividades del municipio. Lo entendemos como un reconocimiento a la dignidad de las personas y también un reconocimiento hacia la casa y el estilo de trabajo con el colectivo. Nunca se ha sentido rechazo ni a la casa ni a su gente, y esto anima a sentirnos uno más en el pueblo.

— ¿Hay algo que crea que la sociedad debería entender mejor sobre las personas con capacidades diferentes y sobre el papel de los centros que las atienden?
— Desde mi punto de vista, tenemos que reforzar que son personas como todos nosotros: no son niños, no son enfermos; sienten y padecen con una sensibilidad especial, y cada gesto hacia ellos cuenta.
Los centros podemos ofrecer una calidad de vida material, buscar formas de integración social, una atención personalizada… pero la interioridad de cada uno ya sabemos que necesita afectos, necesita de “los suyos”.

«La presencia de las hermanas aporta estabilidad afectiva a muchos residentes»

— Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los principales retos que afrontará San Pablo? ¿Qué objetivos o mejoras les gustaría impulsar en los próximos años?
— Tenemos muchos objetivos que plantean muchos retos.

  1. En el futuro, nos gustaría poder contar con unidades sanitarias específicas para nuestros residentes, que comprendan mejor las necesidades de cada uno y tengan un conocimiento más personalizado y cercano.

  2. Dar más visibilidad al centro, no solo física —como, por ejemplo, insistiendo en el trasplante de los árboles de la fachada, que parece un icono de querer ocultar a este colectivo—, sino también abriendo más el centro, que la gente sepa que puede acercarse sin miedo a visitarnos y a estar con nosotros; facilitar la formación de un voluntariado propio.
    El día 3 de diciembre, para celebrar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, tendremos una jornada de puertas abiertas. Todos están invitados.