El Club de Vela de Castropol organiza, por segundo año, la Zalea de botes en memoria del carpintero, este viernes
Nombrar a la familia ‘Pacho’ en Castropol no requiere añadido. Sin mayor explicación, el trabajo de la que se considera la última carpintería de ribera de Asturias habla por sí solo. Especialmente, a la orilla de la ría del Eo, donde navegaron (y navegan) tantas y tantas embarcaciones con la firma de ‘Os Pachos’.
Este viernes 22, esas mismas aguas y el muelle de Castropol acogerán, por segundo año, el Memorial Carlos “Pacho”. Una Zalea de botes de Vela Latina, organizada por el Club de Vela de Castropol, que invita a vecinos y visitantes a participar de una jornada deportiva única.
Será a partir de las 17:00 horas cuando comience la cita, que reunirá «aficionados, regatistas y público en general en una iniciativa dedicada a mantener viva la tradición de la vela latina, una de las señas de identidad náutica más importantes de la ría», destacan en Castropol.
El concejo puede presumir de legado y despunte en la construcción naval. Tanto en tiempos pasados como presentes. Y es que, ya desde el siglo XII, este estuario del Río Eo permitió a los pueblos litorales de Ribadeo, Vegadeo y Castropol empezar con un incipiente comercio de cabotaje en el que la pesca y la construcción naval jugaron un papel importante.
Entre los siglos XV y XVIII, la Ría del Eo se vio beneficiada por el auge de las tierras altas de los Oscos y del obispado de Mondoñedo por lo que su influencia como nexo comercial facilitó el desarrollo y fortaleza de la construcción naval en la zona. Estas regiones del interior proporcionaban madera, herrajes, ferretería, aperos de labranza, etc, que surtían los mercados de Galicia, Asturias, Castilla e incluso a los mercados coloniales.
Durante el siglo XVIII, la pujanza económica y comercial de la zona hizo que se concentraran en sus principales localidades un importante número de armadores y casas de comercio vascas, catalanas, gallegas y asturianas; lo que propició la construcción naval de los astilleros de ribera. Entre 1750 y 1850, en el estuario se mantuvieron activos una veintena de astilleros de ribera que satisfacían la demanda de las flotas pesquera de altura y de cabotaje fluvial (gabarras, pataches, pinazas).
Como ejemplo de la hegemonía de los astilleros del Eo, un dato, que ofrecen los Astilleros Pacho: «entre 1840 y 1890, un 63% del arqueo de la flota mercante asturiana se botaba aquí, en La Linera (Castropol) y en el vecino puerto de Viavélez». Esta cifra se elevaría al 82% si se contabilizasen los astilleros de Vegadeo y de Puerto de Vega, también en el occidente asturiano.
Astilleros Pacho, la saga a la que perteneció Carlos, es una empresa familiar fundada en 1944 por Marcelino González, más conocido en la zona como “Pacho". La primera barca que construyó la realizó en un pequeño huerto de su propia casa (Castro-Piñera-) y le puso el nombre de "Lola", en honor a su mujer, Dolores Vijande.
En el año 1944 inicia su andadura como carpintero de ribera en una pequeña construcción en la playa de Salías (Castropol). De allí salieron sus primeros botes y lanchas. Y, en 1953, traslada el taller a la desembocadura del río Berbesa, donde aún continúa a fecha de hoy, en manos de la tercera generación.
El buen hacer de Marcelino y el éxito de sus embarcaciones le obligaron a contratar obreros, cuenta la familia Pacho. Los primeros que trabajaron con Marcelino fueron Miguel de Vilavedelle y Ramón de Requeixo; hasta que en 1954 se incorpora a la plantilla de trabajadores su hijo mayor Carlos (homenajeado con la Zalea). Unos años más tarde, en 1960, Pepe (hermano de Carlos y famoso por sus preciosas maquetas) también entra en la empresa.
En 1995, se incorpora al taller Martín González (tercer hijo de Carlos) que, actualmente, conserva la tradición familiar iniciada por Pacho hace más de 70 años.