Un indiano “de la era digital” recuperará el esplendor de la Casona de Sestelo (y no, no será un hotel)

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photo_camera La Casona de Sestelo, en Castropol. Enero de 2026. Foto: Ángela Rodríguez

“Quiero convertirla en la mejor casa del norte de España. Un lugar donde quieras venir a recuperar vida”, explica la nueva propiedad, con raíces asturianas 

Después de veinte años, la Casona de Sestelo tiene nuevos propietarios y recuperará el protagonismo que siempre tuvo; imponente, a la vera del Suarón. El inmueble, de 350 metros de planta y seis alturas, se cuela en los recuerdos de generaciones y generaciones de habitantes del Occidente, especialmente de los de Samagán y Presno, parroquia castropolense donde se ubica. 

“Es curioso, porque normalmente las casas se orientan mirando hacia la montaña pero, aquí, es la montaña la que parece que te abraza”, cuenta su nuevo propietario, bajo la fachada principal. Lo suyo con la Casona de Sestelo podría llamarse un ‘flechazo’; y eso que, cuando ‘se conocieron’, los árboles no solo impedían ver el bosque, sino una impresionante casa levantada en el siglo XIX. Entonces debía ser increíble, porque lo sigue siendo ahora. 

Enmarcada por árboles también centenarios, fue erigida como fábrica de papel y también sirvió como orfanato (entre 1937 y 1951) y sede de una Escuela-taller en los años 90 del siglo pasado. Adquirida más tarde por el Principado de Asturias, a la Casona de Sestelo la rodea una finca de siete hectáreas. Las primeras que hubo que desbrozar para que Pablo Rivas (nuevo propietario) entrase con sus ideas y su buen séquito de expertos. 

De raíces asturianas, Rivas es “un indiano de la era digital”. Un emprendedor que, tras regresar a España, quería comprar una casa para su familia. Algo especial que le permitiera volver a sus orígenes. “Vimos conventos, monasterios, pazos y, después de mucho mirar, encontramos esta Casona. En mi familia somos unos enamorados de Asturias y queremos crear un proyecto especial”, cuenta Rivas a AQUÍ DIARIO. 

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Casona de Sestelo. Foto cecida por la propiedad. 

La venta de la joya castropolense ha despertado la curiosidad del vecindario. A la espera de las requeridas licencias, la propiedad avanza que será “un lugar para recuperar vida”. Primeramente, la intención de Rivas es recuperar el edificio y devolverlo a su esplendor original. “El edificio en sí mismo es una obra escultórica y arquitectónica única. Levantarlo con esas dimensiones, hacia 1860… Y alrededor de 1900 llegó a tener suelo radiante, con Ángel Pérez”, destaca el “indiano digital”. 

El de Ángel Pérez es para Rivas un ejemplo y la analogía entre ambos es inevitable. Con los recursos y conocimientos adquiridos fuera, ambos vuelven a sus raíces asturianas y, con ‘Sestelo’ como punto de apoyo, impulsan proyectos únicos en la comarca. “La gente querrá quedarse en la Casona de Sestelo para recuperar vida. Para conectar con la naturaleza y uno mismo. No es que Asturias sea un Paraíso Natural es que es un paraíso terrenal”, celebra Rivas. 

Madrileño de 41 años, profesa un cariño muy especial por Asturias. Alguien que ha visto muchos metros cuadrados de mundo, ha elegido la ‘tierrina’ por sus recursos, por sus antepasados y por algo ‘romántico’ difícil de explicar con palabras. Ribadesella, Pravia… son localidades asturianas en la memoria de Pablo Rivas, que ahora quiere incluir Castropol en la de sus hijos. 

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Casona de Sestelo. Foto cecida por la propiedad. 

Fundador de Global Alumni —la primera EdTech euroamericana especializada en transformar la formación de las mejores universidades del mundo al formato digital—, el nuevo propietario de la Casona de Sestelo está decidido a hacer de ella “la mejor casa del norte de España”. Va camino de ello, con el mejor paisajista de España y el mayor especialista en Wellness, entre otros expertos que perfilan el proyecto. 

“He respetado mucho lo avanzado por el anterior propietario. Quiero recuperar toda la piedra, pero teniendo la fachada y la cimentación… no debería ser una obra de larga duración. De momento estoy recibiendo gran apoyo en la zona, que me presta colaboración. El proyecto está listo y tendrá sentido”, asegura Rivas, a la espera de la preceptiva licencia. 

La ilusión en su mirada, recuerda a la de un niño, seguramente aquel que venía con frecuencia a Asturias, hasta que ya no pudo separarse más de ella. Una ilusión que guiará todo el trabajo que queda por delante en ‘Sestelo’, en Castropol. El Occidente asturiano tiene una oportunidad única de reafirmarse como un paraíso (por descubrir) dentro del Paraíso.

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Casona de Sestelo. Foto cecida por la propiedad. 

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