Figueras se parte en dos por su puerto: los ecologistas alertan de impacto ambiental y los vecinos piden progreso

Dique movil Figueras
photo_camera La nueva ordenación prevé 124 atraques para embarcaciones deportivas frente a solo 7 destinados a la pesca profesional

El Principado de Asturias ha dado luz verde ambiental a la remodelación del puerto de Figueras, en Castropol. El proyecto, que incluye un dique permanente de casi 186 metros y un amplio dragado, enfrenta a vecinos, sector náutico y ecologistas

La reordenación del puerto de Figueras ha reabierto un intenso debate en la comarca. El Gobierno del Principado ha concedido el visto bueno ambiental a una actuación en tramitación desde 2021 que busca mejorar la protección del puerto frente a temporales y reorganizar sus instalaciones. El proyecto contempla la construcción de un dique exterior permanente de 185,80 metros, la demolición del actual muelle central y la reorganización de las dársenas pesquera y deportiva. También se prevé un importante dragado para mejorar el calado de la zona portuaria.

La resolución ambiental, firmada el pasado 30 de marzo por la Consejería de Medio Ambiente, Movilidad y Gestión de Emergencias, declara viable la alternativa técnica denominada D4-02, que plantea un dique recto y una ordenación interior dividida en dos zonas mediante un pantalán de reparto. El permiso tiene una vigencia de cuatro años. Desde el Principado justifican la obra por los problemas del actual sistema de abrigo. El dique flotante existente, señalan, resulta insuficiente para el nivel de oleaje que soporta el puerto, lo que provoca agitación dentro de la dársena y frecuentes daños durante los temporales.

La intervención incluye dos tipos de dragado. Por un lado, se dragará una superficie de 16.673 metros cuadrados en la zona exterior hasta alcanzar cinco metros de profundidad para la construcción del dique. Por otro, se actuará en la dársena interior, donde se dragarán 12.510 metros cuadrados hasta dos metros de profundidad para mejorar la operatividad del puerto. La nueva distribución prevé 124 amarres para embarcaciones deportivas y siete plazas para barcos pesqueros.

El documento ambiental establece condiciones específicas para minimizar el impacto en el entorno. Entre ellas, realizar los dragados preferiblemente en marea baja, evitar jornadas con fuerte viento o oleaje y no ejecutar las obras en verano, cuando los moluscos de la zona atraviesan un periodo especialmente sensible.

Las críticas más duras han llegado desde la Coordinadora Ecoloxista d'Asturies, que considera que la actuación tendrá un impacto significativo en un entorno protegido. La organización denuncia que el volumen de sedimentos a extraer y verter al mar —más de 54.000 metros cúbicos— puede alterar el equilibrio de la ría y afectar a los ecosistemas de este enclave, protegido por figuras como la Reserva Natural Parcial de la Ría del Eo o la Reserva de la Biosfera. A su juicio, el proyecto prioriza la náutica recreativa frente al interés general. “Supone un impacto ambiental significativo en un espacio singular para obtener un beneficio exclusivo de las embarcaciones deportivas”, sostienen.

También alertan del impacto visual que tendrá el nuevo dique. Mientras el actual pantalán flotante apenas sobresale medio metro del agua, la nueva estructura alcanzaría dos metros sobre el nivel del mar incluso en marea alta, modificando la imagen tradicional de la ría.

Vecinos y sector náutico: “El puerto necesita protección”

Sin embargo, el proyecto también cuenta con apoyos. El Club Náutico de Figueras lleva años reclamando mejoras en el puerto y considera que la obra es necesaria para garantizar su funcionamiento. Usuarios de los amarres señalan que el puerto sufre problemas recurrentes. “En bajamar muchos barcos de los pantalanes antiguos no pueden salir y en invierno los temporales causan numerosos desperfectos en los pantalanes y en las embarcaciones”, explica un vecino vinculado al sector náutico. Desde la asociación vecinal As Figueiras también se ha defendido la necesidad de mejorar la infraestructura portuaria, que consideran clave para el desarrollo local. 


Algunos vecinos ofrecen una visión diferente a la planteada por los colectivos ecologistas y defienden que la actuación puede beneficiar a la ría si se ejecuta correctamente. Según explican, el proyecto no solo contempla la construcción del dique, sino también la creación de un paseo y una zona de solárium que mejorarían el entorno del puerto. Además, recuerdan que en la zona del tesón, especialmente en marea baja, apenas hay calado y la navegación resulta peligrosa. Por ello consideran necesario el dragado previsto, ya que de no realizarse —afirman— el puerto podría acabar perdiendo operatividad con el paso del tiempo. También apuntan que la instalación de una escollera podría favorecer una mayor circulación del agua en una zona donde actualmente apenas hay corriente. En su opinión, estas actuaciones ayudarían a mantener el muelle y la actividad portuaria sin comprometer el futuro de la ría.

Entre los vecinos, el debate se mueve entre la protección ambiental y la necesidad de impulsar la economía de la zona. Algunos consideran que la comarca necesita infraestructuras para atraer actividad y empleo. “Si sirve para avanzar y crear puestos de trabajo, adelante”, comenta un residente de la zona, que compara la situación con la otra orilla de la ría. “Mientras Ribadeo crece con turismo y negocios, aquí seguimos prácticamente igual que hace treinta años”. 

La remodelación del puerto de Figueras vuelve a poner en el foco el delicado equilibrio entre desarrollo económico y protección ambiental en la ría del Eo. Mientras ecologistas advierten del riesgo de alterar un ecosistema único, parte de la población y del sector náutico ve en la obra una oportunidad para mejorar la seguridad del puerto y dinamizar la economía local. El proyecto ya tiene luz verde ambiental, pero el debate social en la ría está lejos de cerrarse.

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