El consejero reconoce que la administración llega tarde, destaca el papel de las asociaciones memorialistas y asegura que se seguirá luchando por encontrar más víctimas de la dictadura
“Qué ganas tenía de tocarla”, confesaba Gerardo Solís, sobrino de Lorenzo Solís, aferrándose con fuerza y emoción a la caja marrón que contenía los restos de su tío. Han pasado noventa años. Mucho tiempo. “Se llegó tarde” —confesaba Ovidio Zapico, consejero de Derechos Ciudadanos del Gobierno de Asturias—, pero se llega. Y las familias, “agradecidas, emocionadas y aliviadas”, describían como podían su sentir, este domingo, en el salón de plenos del Ayuntamiento de El Franco.
En nombre de todas ellas habló Gerardo Solís, sobrino de uno de los represaliados desaparecidos y encontrados ahora en la fosa común del cementerio de A Caridá. Sus restos fueron rescatados en la primera de las exhumaciones impulsadas y financiadas íntegramente con fondos públicos junto a Ramón Cuesta Blanco, dos de las tres hermanas Ferrer Díaz que se buscaban—Luz, Maura y Mercedes, desaparecidas tras el golpe de Estado de 1936, cuando tenían entre 17 y 21 años— y Francisco Pena.
La conciencia y la emoción se apoderaron totalmente del salón, en un acto mimado y sincero de entrega de los restos a sus familiares. Flores, aplausos y más de una lágrima sirvieron para dignificar las historias de las y los represaliados “que, al fin, vuelven a casa”. La historia de muchos, aún por recuperar.
“Hoy vuestro dolor es también el dolor de este pueblo y vuestra emoción es compartida. Los vuestros regresan por fin con nombre”, expresó la alcaldesa franquina, Cecilia Pérez, ante las familias. Ante el resto del auditorio, recordó también que “la democracia, los derechos y las libertades deben cuidarse cada día”.
En la misma línea habló Zapico, que destacó el compromiso del gobierno local de El Franco con la memoria democrática. “La involución pretende imponerse. Y, como bien decía la alcaldesa, esto no es algo partidista, es un acto de reconciliación con los mismos valores de la democracia. Desgraciadamente hemos llegado muy tarde en estas políticas de memoria democrática en nuestro país”, aseveró el consejero.
La buena noticia es que el camino se ha iniciado y, “mientras nos quede voz, seguiremos buscando víctimas de la dictadura”, señalaba Zapico. Para ello es el convenio que el Principado ha firmado con la Universidad de Oviedo (también presente en el acto), que garantiza que los trabajos se ejecutan “con el máximo rigor”. “
“Esta ha sido la legislatura en la que hemos creado un músculo administrativo a las políticas de la memoria. En este caso de A Caridá un 83% de resultados son concluyentes. Lo normal en el país está en torno a un 10% y esto aquí se consigue gracias al rigor con el que se ha trabajado”, subrayaba el titular de Derechos Ciudadanos.
La buena noticia es que la familia de Francisco Pérez Pena ha confirmado que su cuerpo yace en la fosa donde clavó, hace años, una cruz. Sin embargo, la historia tiene sombras, que recuerdan las más alargadas y oscuras de este país y su Transición.
Se han hallado restos de dos de las tres hermanas Ferrer. Falta una y no se sabe quién. Además, la alcaldesa de El Franco (visiblemente emocionada) recogía una de las cajas con restos de una persona aún no identificada. "Mientras nos quede voz seguiremos intentando ponerle nombre a cada una de esas personas que han desaparecido por defender unas ideas, que son las que nos permiten estar aquí hoy, las que nos permiten tener derechos y libertades en nuestro país. Cuando asesinaron y arrojaron a aquella fosa a todas estas personas pretendían tapar muy hondo el atroz crimen y que se olvidasen. Se equivocaron, cuando enterraron a estas personas sembraban semillas que nos animan a fomentar los valores de la garantía de no repetición”, clamó Ovidio Zapico en su breve turno de palabra.
La música en directo enmarcó el acto, lleno de flores rojas, amarillas y moradas. “Construyamos una Asturias y una España que no olvida su historia”, se escuchó. También sonaron, en boca del alumnado del IES Galileo Galilei de Navia, versos de Xosé Miguel Tapia y de Marisa Peña.
(…)
Mientras me quede voz
hablaré de sus sueños,
de todas las traiciones,
de todos los silencios,
de los huesos sin nombre
esperando el regreso,
de su entrega absoluta
de su dolor de invierno.
Mientras me quede voz
no han de callar mis muertos.