La ‘Orden de Vilanova’ gestó el festival cultural hace una década, atrayendo público y artistas de diferentes regiones y empujando para la restauración del monasterio de Santa María
La Festa dos Frailes en Vilanova (en Villanueva de Oscos) es todo lo que está bien. De mano, un monasterio del siglo XII ofrece buena diversidad de espacios y escenarios únicos y, con la elección de un buen cartel que los llene de arte, estaría el 50% del festival. La otra mitad del éxito «de Frailes» (si no más) es la implicación del pueblo. La capacidad de la “Orden de Vilanova”, el colectivo organizador, para contagiar a todo quisqui de ilusión y gusto. Porque las sillas podrán ser prestadas y las mesas del bar tablones de madera, pero adornados con flores, con cartelería cuidada, con detalles en cada rincón y tapetes y banderas de ganchillo confeccionadas por las muyeres de los Oscos. Todo, todo invita a sentirse en casa.
Así lo confesaba el mismo presidente del Principado, Adrián Barbón, que pasó como uno más por el Monasterio de Santa María de Vilanova, disfrutando de conciertos y charlas con el vecindario. De la inauguración, al mediodía del sábado, participó el director general de Reto Demográfico, Marcos Niño, así como los regidores de Villanueva y Santalla de Oscos, uniformados con la camiseta de este año, que rezaba: «Señor, no son horas de que entres en mi casa».
No se lo aplican, sin embargo, en la Orden de Vilanova. Porque las grandes puertas de «su» monasterio siempre están abiertas. Tras una década de amor y trabajo por él, bien puede decirse que es suyo, del pueblo. Aunque sobre el papel siga siendo del Arzobispado de Oviedo. Desde que en 2015 comenzaran a gestar el festival cultural, son seis las ediciones que han parido estos particulares frailes de los Oscos. Empujando como nadie para la restauración de la abadía.
De ella han hecho un símbolo de resistencia y, este sábado, al verla brillar, llena de risas y de gente cobijada bajo su nueva cubierta, más de uno se emocionaba. «Al principio parecía imposible que un festival así pudiera surgir en un concejo de los Oscos y en el monasterio», pero pese al trazado de buenas curvas y la característica niebla de La Garganta, todas las bandas han llegado a su destino. Desde Galicia a León o cualquier punto del territorio asturiano.
Como un buen potaje, con ingredientes de primera y elaborado a fuego lento, así fue esta sexta edición “de Frailes”. Era la primera vez que el flamenco entraba en cartel y Teresa Hernández y Antonia Jiménez no defraudaron. Acompañadas de una magistral guitarra, llenaron la sala capitular arrancando «ole’s», aplausos y hasta alguna lágrima. Justo después vino el sorteo, ofreciendo también otro tipo de emoción.
Más o menos religiosos o espirituales, todos querían que les tocase el pack de hábito, Biblia y rosario. Aunque para formar parte de la comunidad de Frailes no haga falta más que buena energía, ganas de disfrutar y colaborar y mucho respeto. Respeto por el patrimonio natural e histórico, por el Arte y los artistas y, ante todo, por la gente del pueblo, que recibe esos días muchos más visitante de lo habitual (acampada incluida).
«Fai dez anos soñamos úa festa que fose muy nosa. Con músicos locales y tamén de fora, particularmente galegos y asturianos porque somos de frontera y había que celebrarlo. Iba a haber muitas mulleres tocando y actuando, al menos tantas como homes. Sería accesible a todas y todos os vecíos y vecuías, que podrían achegarse a disfrutar da cultura que parece tar aparcada na ciudá. Sería nel Monasterio de Vilanova por loco que parecese en aquel momento y todo eso íbamos a conseguirlo con amigos, con familia, con recursos da terra, con axuda de Samartín y de Santalla porque somos todos lo mismo y esto trascendería localismos y en general a nosoutros mismos. Porque esto no iba de nosoutros, era pa nosoutros todos», explican en la organización, tan cansada como pletórica tras la acogida del festival. «Todo esto aconteceu el sábado y casi costa creerlo».
En una larga lista de agradecimientos se cuelan, por supuesto, los y las artistas que dieron lo mejor de sí el sábado sobre el escenario. Aitor Moreno, muralista afincado en Santalla; A Pedreira y Mauricio Caruso; Andhrea & The Black Cats; FemFarria; Katova, Las Mañas, San Miguel Fraser; Prieto Picado; Reinhold Bohrer y Sabrina Zerkowitz, entre otros.
Es también indispensable la labor de Julio y Chus y el resto de equipo técnico del festival, además del personal y personas usuarias de la residencia de mayores de Villanueva que, este año, se adueñaron de las paredes del cenobio, con la exposición fotográfica "Caminos a Ítaca", de Raquel Eala. Familias, amigos y amigas hacen el resto. Velar por la buena marcha del negocio, antes y después del gran día.
«Gracias por fin a vosoutros fieles queridos, por vir comprendendo con precisión de que vai esto y agradecérnoslo en cada baile y con cada sonrisa», añaden en la Orden de Vilanova. Una pandilla que, diez años después del milagro, mantiene los pies en la tierra alimentando el espíritu de los Oscos. El mandato era muy claro: «Levántate y baila». Y ahí sí, el pueblo obedeció con devoción.