Así se defiende la miel de Asturias: tecnología europea contra las adulteraciones

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El proyecto europeo WATSON culmina en Asturias tras casi tres años de trabajo con sensores inteligentes capaces de verificar en segundos el origen y la pureza de la miel con sello IGP, reforzando la trazabilidad y la confianza del consumidor

Hay productos que no necesitan presentación, pero sí protección. La miel asturiana es uno de ellos: ligada al territorio, al paisaje y a un saber hacer transmitido durante generaciones. Ahora, la tecnología se suma a esa defensa de lo auténtico. El proyecto europeo WATSON encara su recta final tras casi tres años de trabajo con un objetivo claro: blindar la calidad y el origen de la IGP Miel de Asturias frente al fraude y reforzar la confianza del consumidor.

Impulsado por la Comisión Europea dentro del programa Horizonte Europa, WATSON arrancó en marzo de 2023 y ha contado en Asturias con la implicación directa de ASINCAR, la propia IGP y la Consejería de Medio Rural y Política Agraria. El reto era ambicioso: desarrollar herramientas digitales capaces de verificar, de forma rápida y sencilla, que la miel certificada es exactamente lo que dice ser.

El resultado ha sido un salto cualitativo en los sistemas de control. Durante el proyecto se han diseñado y validado sensores ópticos portátiles, de bajo coste y fácil manejo, basados en tecnologías de infrarrojo cercano (NIR) e imagen hiperespectral. Estos dispositivos permiten analizar la miel in situ y en tiempo real, sin necesidad de enviarla a un laboratorio, detectando posibles adulteraciones —como la adición de siropes baratos— e incluso aportando información sobre su origen botánico.

Frente a los métodos tradicionales, que suelen ser más lentos, complejos y costosos, la innovación desarrollada en WATSON ofrece resultados en cuestión de segundos. Una ventaja clave para los organismos de control, que pueden identificar irregularidades de forma temprana a lo largo de toda la cadena de valor, desde la producción hasta el envasado.

El proyecto no se ha quedado en el laboratorio. A lo largo de estos años se han celebrado campañas de validación, demostraciones técnicas y talleres participativos en los que productores, envasadores y responsables del control de calidad han podido probar los dispositivos y conocer de primera mano su funcionamiento. La valoración ha sido clara: rapidez, portabilidad y utilidad real para tomar decisiones inmediatas.

Más allá del avance tecnológico, WATSON deja un impacto estratégico. Refuerza la competitividad del sector apícola, protege un producto de alto valor añadido y responde a una demanda creciente de los consumidores: saber de dónde vienen los alimentos y cómo se han producido. En ese camino, Asturias se consolida como referente en la aplicación de innovación digital al ámbito agroalimentario.

Eso sí, el trabajo continúa. Los responsables del proyecto subrayan la necesidad de seguir perfeccionando los algoritmos, mejorar la precisión analítica y ampliar la base de datos de muestras para abarcar más variedades botánicas y condiciones productivas. Será el siguiente paso para facilitar la implantación definitiva de estas herramientas.

El cierre de WATSON no es un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa orientada a la transferencia tecnológica y a una posible comercialización de las soluciones desarrolladas. Una forma de demostrar que tradición e innovación no solo pueden convivir, sino que juntas son la mejor garantía para proteger la autenticidad de la miel asturiana y el futuro del medio rural.

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