De Puerto de Vega a los Oscos, los diseños maravillan a los visitantes, que alaban el minucioso trabajo y el ingenio del vecindario
Hay vecinas que vuelven expresamente al pueblo para colaborar en la confección de las alfombras de Corpus Christi, y otras que llevan semanas preparando las plantillas. Pintando bellota a bellota, recortando cartón, y «picando hortensia». Todo para confeccionar auténticos tapices de flores que salen un día al año a las calles de las villas de todo Asturias. En el Occidente la tradición no pierde fuerza y, cada año, cautiva a más visitantes.
Desde la costa de la comarca Oscos-Eo, el referente indiscutible es Castropol. Cuenta con alfombristas experimentadas que protegen la tradición y que han conseguido que el arte floral forme parte de la identidad de la villa castropolense. Además, el Corpus Christi de la localidad ha sido reconocido como Fiesta de Interés Turístico Regional, lo que acerca, cada año, a numerosos espectadores.
«Menuda labor. Y estar ahí agachadas toda la noche…», admiraban algunas vecinas que, este domingo, se acercaron a la localidad naviega de Puerto de Vega. Sus diseños con sal, llenos de matices, parecen un lienzo. «Es impresionante cómo consiguen esos degradados. Parece que el Cristo te mira», señalaban otras vecinas de pueblos cercanos. Las de Vega tuvieron también un recuerdo para el fallecido Papa Francisco.
Aunque es cierto que todo el mundo colabora, especialmente en días previos, en los pueblos, el trabajo alfombrista es generalmente femenino. En Boal, este domingo (en que además se celebraba el popular Domingo de Mercado) el pasillo central de la iglesia se engalanaba con una hermosa alfombra de ganchillo. Un sello distintivo de colectivos boaleses que, por ejemplo, también crean el árbol navideño con hilos.
El colorido es siempre el protagonista indiscutible de los tapices de Corpus Christi. Generalmente, las flores son la tradición (antes aún la espadaña y el «cenoyo») pero los materiales con los que se elaboran son, cada año, más diversos. Sal, virutas y arroz de diferentes colores sirven para crear cualquier diseño que uno pueda imaginar. Por ejemplo, el escudo del Real Oviedo, que logró, este sábado, el ansiado ascenso a Primera División. Con franjas azules y blancas, brilló en Castropol donde las alfombristas utilizaron también cáscara de ostra molida.
Las de los mejillones sirvieron, en Santa Eulalia de Oscos, para crear flores. También lentejas doradas, macarrones, «verde tuya», y nueces doradas. Aunque este año no había primeras comuniones, salió la procesión por la principal arteria del pueblo y, como es costumbre, algunos vecinos lanzaron pétalos de rosas desde sus ventanas, decoradas con banderas.
En la villa de Navia, también se lucieron algunos diseños, incluido un homenaje a la patrona, la Virgen de la Barca.