Yolanda Alzú, al frente del Camping Amaído en San Tirso de Abres, premiada como Empresaria Autónoma del Año por su labor en turismo rural

Tras casi 30 años de esfuerzo y dedicación, Yolanda Alzú ha sido reconocida como Empresaria Autónoma del Año 2025, un premio que destaca su compromiso con el territorio, la innovación y la calidad, y su capacidad para transformar su entorno a base de trabajo y pasión

El teléfono suena y al otro lado responde Yolanda Alzú, con voz cálida pero apurada. La llamada es para hablar del reconocimiento que acaba de recibir como Empresaria Autónoma del Año, un galardón que celebra casi tres décadas de esfuerzo como trabajadora por cuenta propia. “Llevo muchos años siendo autónoma, y eso de que eres tu propio jefe… no es del todo cierto, los jefes son todos tus clientes”, comenta con una mezcla de humor y experiencia. Justo entonces, se ríe y añade: “Ahora mismo tengo unos niños que me están esperando para ir a ver los pollitos”. Amaído, el cámping que dirige en San Tirso de Abres, no se entiende sin esa implicación total: es trabajo, es hogar, es comunidad.

No es de extrañar que su nombre haya vuelto a aparecer entre los galardonados. Hace apenas año y medio, Amaído, el cámping que dirige en San Tirso de Abres, compartió con el cámping Rinlo Costa (Ribadeo) el premio a Mejor Cámping de Entorno en la Gala Nacional de Cámpings de España. Un reconocimiento al esfuerzo conjunto de dos territorios vecinos que decidieron sumar fuerzas para ofrecer una experiencia sostenible, auténtica y vinculada a su tierra: Oscos-Eo, A Mariña lucense y el Parque Histórico del Navia.

Hoy, Yolanda vuelve a ser noticia. El jurado de los Premios CEAT-Asturias 2025 ha decidido, por unanimidad, entregarle el galardón como "Empresaria Autónoma del Año", reconociendo no solo su capacidad emprendedora, sino también el impacto social y económico de su proyecto en una zona tradicionalmente olvidada por el turismo.

Yolanda no empezó como empresaria, sino como maestra. Estaba en Oviedo cuando se presentó a las plazas de la escuela taller. Allí descubrió su verdadera vocación: la formación práctica, no reglada, que, según confiesa, “va más con mi manera de ser”.

De aquella experiencia nació el embrión de lo que hoy es Amaído: una escuela taller basada en la agricultura, el aprendizaje por la experiencia y la inserción laboral en el medio rural. Lo que vino después fue una evolución constante hacia el agroturismo, sin perder nunca esa raíz pedagógica ni el compromiso con el entorno.

Los comienzos estuvieron lejos de ser fáciles. “San Tirso no era un destino turístico”, recuerda Yolanda. “Era conocido por el salmón, pero no por el turismo rural. Algunos decían que tener Taramundi cerca nos beneficiaba, pero no es tan simple: entras por Vegadeo y sales por A Pontenova... nosotros quedamos en tierra de nadie —aunque a la gente no le gusta que lo diga”, añade con una sonrisa.

Sin embargo, el tesón, la calidad del trabajo y el boca a boca hicieron el resto. Amaído se fue ganando un sitio en la mente —y el corazón— de los visitantes. Con el impulso de iniciativas como Oscos-Eo, el proyecto se consolidó, aunque hubo años duros: “Nos planteamos cerrar. No podíamos ni pagar el canon del banco de tierras. Eso fue lo más difícil”.

Un premio con doble significado

El galardón que recibirá el 8 de agosto en Gijón no solo tiene un valor simbólico para Yolanda. “Es un premio para mí, sí, pero sobre todo para el destino y para la comarca. Muchas veces pensamos que el trabajo no se ve, que el esfuerzo pasa desapercibido. Este reconocimiento demuestra que no es así”.

Porque detrás de este reconocimiento hay años de sacrificio silencioso, de jornadas sin descanso, de priorizar el trabajo frente a la familia, de “ir a contracorriente”.

En Amaído trabajan tres personas en invierno y hasta nueve en verano. Yolanda cuenta con la ayuda de sus hijos y una pequeña red de apoyo. Y aunque en los meses más tranquilos intenta recuperar algo de tiempo para la familia, el proyecto no se detiene.

 

La sostenibilidad es una de sus líneas fundamentales, aunque reconoce que “no siempre es lo que tú quieres hacer, sino lo que te dejan hacer”. Aun así, participan en varios proyectos que promueven el respeto al medio ambiente. “Nuestra apuesta es clara: calidad y sostenibilidad, sin perder la esencia”.

Desde talleres de elaboración de sidra o de tabaco hasta la recogida de maíz o paseos por la explotación agropecuaria, Amaído ofrece experiencias reales y conectadas con la tierra. Todo ello en un entorno de naturaleza viva, a orillas del río Eo.

Cuando se le pregunta por el futuro, Yolanda lo tiene claro: “Seguir por la misma línea, ofrecer la mejor calidad, mantenerme fiel a mí misma”. Su mayor deseo es que el proyecto no muera, que alguien, en un futuro, quiera continuarlo.

Amaído cumplió 30 años en 2024. Tres décadas de evolución, sacrificio y entrega que hoy encuentran, al fin, el reconocimiento público. Pero si algo queda claro tras hablar con Yolanda —aunque sea solo unos minutos antes de que vuelva con los niños y los pollitos—, es que su mayor logro no es un premio, sino haber convertido su forma de vida en un motor para todo un territorio.