Adiós a una fábrica histórica: Albo cierra en Tapia tras más de 85 años y traslada la producción a Galicia
La empresa conservera Albo pondrá fin en las próximas semanas a la actividad de su planta de Tapia de Casariego, la última histórica del sector en Asturias. El cierre está previsto para el mes de febrero y supondrá el traslado de la producción de platos precocinados —como fabada, caldo gallego o callos— a las instalaciones que la compañía posee en Salvaterra de Miño, en Pontevedra. Las nueve personas que trabajan actualmente en la fábrica han recibido la oferta de incorporarse al centro gallego.
La decisión ha causado un profundo impacto en la localidad, donde Albo llevaba operando desde 1935. Aunque la marca nació en Cantabria hace más de siglo y medio, Tapia fue durante décadas uno de sus enclaves fundamentales. En los últimos años la plantilla se había reducido de forma progresiva, pasando de unas 30 personas en 2021 a las nueve actuales. Desde el Ayuntamiento y entre los vecinos se lamenta la pérdida de una industria emblemática que durante generaciones fue motor económico del concejo.
El cierre de Albo supone también la desaparición de la última gran conservera histórica de Tapia, un sector que marcó profundamente la vida social y laboral del municipio. Desde mediados del siglo XIX llegaron a funcionar hasta diecisiete fábricas de conserva y salazón, que dieron empleo a cientos de familias, especialmente a mujeres, a las que proporcionaron independencia económica en una época en la que era poco habitual. Firmas como Pérez Casariego, Terín o Hijos de Carlo Albo convirtieron la villa en un importante núcleo industrial vinculado al mar.
Albo comenzó en Tapia elaborando conservas de pescado y, tras una profunda reforma en los años sesenta, pasó a especializarse en platos preparados, una transformación que permitió mantener la actividad durante décadas. En sus mejores momentos llegó a emplear a decenas de trabajadores y a dar sustento a cientos de familias. En 2016 la empresa fue adquirida por el grupo chino Shanghai Kaichuang, que centró la producción en Galicia. Ahora, con el cierre de la planta tapiega, se pone punto final a más de 85 años de presencia industrial en la villa, cerrando una etapa histórica para el municipio y para la conserva asturiana.