Miguel Vega repite como mejor Joven Cuchillero, con una ‘joya’ de 120 capas forjada a mano

Miguel Vega recoge su premio como Mejor Cuchillero, en la entrega de galardones del certamen de APRECU. Foto: FV Navajas

El taramundés, que estudia Automatización y Robótica industrial, consigue el prestigioso galardón en el concurso nacional de cuchillería

Lo de Miguel Vega Martínez con la cuchillería no es “de toda la vida” pero sí una pasión en toda regla. A sus dieciocho años, el joven taramundés ayuda a su padre en el taller ‘FV Navajas Taramundi’ y, más allá de echar una mano, deja su propia huella, elaborando auténticas joyas que se llevan premio. El último que ha cosechado es el galardón al Joven Cuchillero, que otorga la Asociación de Cuchillería y Afines (APRECU) a los menores de 25 años, “para  incentivar a los más jóvenes en el oficio cuchillero”. 

Aunque “con cuatro años ya estaba al lado de su padre, clavando puntas”, el amor por la cuchillería lo fija en torno al 2020 cuando empezó a ayudar, con unos doce años. “Mi padre era ebanista, eso es lo que conocí siempre. Pero, como suelo decir, tuvo el mal del carpintero, alergia al polvo, y tuvo que dejarlo”, explica el joven. Reconvertido en maestro cuchillero, Francisco Vega, elabora y personaliza navajas y cuchillos junto a su hijo, “incorporando nuevos materiales y técnicas, pero siempre sin perder la esencia de la navaja tradicional de siempre”. 

Miguel tiene claro que quiere quedarse en su comarca Oscos-Eo pero, por el momento, lo que toca es formarse. En Gijón estudia, actualmente, Automatización y Robótica industrial, algo que le sirve para lo aprendido ya en el taller familiar “en tanto se puede mejorar la maquinaria para hacer más fácil el trabajo”. 

Cuchillo de monte presentado este año al certamen cuchillero por Miguel Vega. Foto: FV Navajas

Fácil no ha sido, desde luego, confeccionar el cuchillo que le ha valido el premio en Castilla y La Mancha. Es una pieza admirable, “hecha con acero damasco forjado a mano con unas 120 capas y cachas de estabilizado azul”, explican en Taramundi. “El año pasado hice un cuchillo de monte, pero no era enterizo, que significa que la hoja llega hasta el final. Tenía ganas de hacer uno así y comencé a pensar en ello, en la forma de la hoja… Tienes que pensar, dibujar y darle vueltas”, señala el joven. 

El pasado año, cuando Miguel se estrenó como mejor ‘Joven Cuchillero’, presentó un cuchillo de monte de hoja de damasco forjada a mano, guarda de bronce y  mango de lupia de tejo. “La lupia, es la parte del árbol que está cerca de la raíz”, aclaran, sobre una pieza única “que engrosa ahora el fondo del Museo de la Cuchillería de Albacete, uno de los más importantes del país”. 

Los ‘dibujos’ de las hojas de ambos cuchillos llaman la atención. Miguel explica con destreza lo de forjar y soldar “aceros de diferente cantidad de carbono” y otros procesos necesarios para dar con la obra última. Habla con la serenidad de quien sabe de qué habla. Y, por supuesto, en su casa “están muy contentos”, reconoce.