Seijo da un paso al lado tras diez años al frente de El Fondrigo y abre una nueva etapa en la peña oviedista de Vegadeo

Miembros de la Peña Carbayona El Fondrigo en sus inicios, antes de un derbi en Oviedo, en una imagen en la que aparece Antonio Seijo Veiguela.

Antonio Seijo Veiguela, presidente y fundador de la Peña Carbayona El Fondrigo de Vegadeo, presentó ayer su dimisión tras diez años al frente de la entidad. El desgaste acumulado al frente de la peña, que cuenta actualmente con 84 socios, ha motivado una decisión que cierra una etapa marcada por la consolidación del oviedismo en el occidente asturiano

Hay decisiones que no llegan de golpe, sino que se van cociendo a fuego lento, partido a partido, viaje a viaje, reunión tras reunión. En Vegadeo, en el corazón más occidental del oviedismo, el eco de esos diez años de pasión azul todavía resuena. Ayer, Antonio Seijo —para muchos simplemente Seijo— decidió dar un paso al lado. No fue una despedida amarga, sino la de quien se marcha sabiendo que deja la casa en orden. Diez años después, la Peña Carbayona El Fondrigo inicia una nueva etapa.

El presidente y miembro fundador presentó su dimisión tras una década al frente de la entidad, alegando el desgaste acumulado. No es para menos. Lo que comenzó como un pequeño grupo de entusiastas se ha convertido hoy en una peña consolidada, con 84 socios y una actividad constante que ha ido creciendo al ritmo del propio Real Oviedo. “Las demandas eran cada vez mayores”, reconoce, aunque se marcha “satisfecho”, con la peña “gozando de buena salud” y, además, con el equipo en Primera División.

Para entender lo que hoy es El Fondrigo hay que remontarse a 2016. Entonces, en un Vegadeo de poco más de 4.000 habitantes donde predominaban otras camisetas, surgió la necesidad de dar forma a un sentimiento que llevaba tiempo latente. “Ya era hora de que hubiera una peña del Oviedo”, defendía Seijo en aquellos inicios.

El ascenso a Segunda División fue el detonante. Aquel cabezazo de David Fernández en Cádiz no solo devolvió al equipo al fútbol profesional: también encendió la mecha en el occidente asturiano. En cuestión de meses, la peña echó a andar con 32 miembros y un objetivo claro: fomentar el oviedismo en la comarca. Su primer viaje, ante el Lugo en el Carlos Tartiere, fue casi un ritual de iniciación. Un minibús, pancarta nueva y la ilusión intacta. Aquella jornada marcó el inicio de una historia que no ha dejado de crecer.

En 2017, la peña daba otro paso importante con su presentación oficial en el Bodegón Miranda, en el barrio del Fondrigo. Allí se escenificó lo que ya era una realidad: el oviedismo tenía casa propia en Vegadeo.

A partir de ahí, la actividad no dejó de multiplicarse. Viajes, encuentros, celebraciones y, sobre todo, convivencia. Porque si algo ha definido a la peña en esta década ha sido el ambiente. “Fueron unos años muy guapos acompañando al equipo”, resume Seijo, destacando la “bonita hermandad” que se fue tejiendo entre los socios, incluso en los momentos más duros.

La peña no solo ha vivido el fútbol desde la grada. También ha sabido convertir cada hito en una excusa para reunirse. Esa capacidad de hacer comunidad se ha mantenido con los años. En 2023, durante su octavo aniversario, cerca de 60 peñistas se reunieron en Vegadeo para seguir un partido de Copa y compartir mesa, con presencia institucional y del propio club. Señal de que El Fondrigo era un punto de encuentro.

El verano pasado quedará grabado para siempre. El ascenso del Real Oviedo a primera división desató la euforia en todo el occidente asturiano, y la peña lo celebró como mejor sabe: juntos. Una caminata de 17 kilómetros entre capillas de San Román, paso por Castropol, parada para reponer fuerzas y, al final, una gran churrascada en Vegadeo con música y ambiente festivo. Fue la culminación de años de fidelidad, de kilómetros y de sufrimiento.

Diez años después, un nuevo comienzo

El pasado diciembre, la peña celebró su décimo aniversario con un acto en el Auditorio Félix Menéndez, rodeada de representantes del club en sus distintas categorías. Era el reconocimiento a una década de trabajo silencioso, de pasión constante.

Hoy, apenas tres meses después, llega el relevo. Aún no hay sucesor confirmado —todo apunta a alguien de la junta directiva, aunque se abrirá un proceso con candidaturas—, pero sí hay una certeza: la estructura está preparada para continuar.

Seijo se va, pero no se aleja. Se marcha con recuerdos de viajes, de tardes en el Tartiere y de una familia que seguirá creciendo. Porque si algo ha demostrado El Fondrigo en estos diez años es que el oviedismo, incluso a más de una hora y media del estadio, no entiende de distancias. Empieza una nueva etapa en Vegadeo. Y, como todas las buenas historias, lo hace con un final que en realidad es solo otro comienzo.