«Turismo rural: cuando participar no significa decidir», artículo de opinión de la Asociación de Turismo Destino Boal

Valle del Navia a su paso por Serandinas (Boal)
El turismo rural necesita planificación, sí, pero sobre todo necesita escucha, empatía y respeto hacia quienes viven y trabajan en los territorios que se pretende promocionar

Desde la Asociación de Turismo Destino Boal, entidad que agrupa a profesionales del turismo rural del occidente asturiano, queremos aportar una reflexión que trasciende lo local y conecta con un problema estructural del medio rural en España: la distancia creciente entre quienes diseñan políticas y quienes sostienen el territorio.

Mantener un negocio turístico en el medio rural no es una actividad complementaria ni romántica. Es una tarea compleja, sometida a estacionalidad, despoblación, escasez de servicios y una fuerte dependencia del entorno natural y productivo. Sin embargo, demasiadas estrategias públicas continúan diseñándose desde una lógica ajena a esta realidad.

En los últimos meses hemos sido convocados a “participar” nuevamente por el Parque Histórico del Navia, para la elaboración de un relato turístico comarcal. La invitación, no obstante, llega con el marco ya definido y sin margen real de decisión. Participar solo es posible si se acepta un eje impuesto previamente. Cuando ocurre esto, la participación deja de ser un proceso democrático para convertirse en una formalidad administrativa.

El debate no es únicamente sobre un proyecto concreto, sino sobre el modelo. El turismo rural no puede construirse a partir de conceptos abstractos ni de productos que no forman parte de la vida económica y social actual del territorio. El paisaje, la identidad y la experiencia turística existen porque hay ganaderos, agricultores, apicultores y pequeños productores que, al igual que el sector turístico, asumen riesgos diarios para seguir en pie.

A esta desconexión se suma la falta de respuesta institucional. Durante años, asociaciones y empresarios hemos trasladado propuestas y advertencias a distintas administraciones sin obtener contestación. Mientras tanto, los fondos europeos destinados al desarrollo rural se gestionan de forma fragmentada, con proyectos aislados y frecuentemente externalizados a consultoras que replican modelos estándar, sin conocimiento profundo del territorio.

La consecuencia es clara: estrategias sin arraigo, escasa implicación local y una creciente sensación de desafección. El turismo rural necesita planificación, sí, pero sobre todo necesita escucha, empatía y respeto hacia quienes viven y trabajan en los territorios que se pretende promocionar.

La presencia en una reunión o en una fotografía no puede utilizarse como sinónimo de respaldo. Si se quiere un turismo rural sostenible, la participación debe ser real, el desacuerdo debe poder expresarse y los organismos creados para vertebrar el territorio deben cumplir su función.

Asociación de Turismo Destino Boal

Nuria Santana Menéndez (Presidenta Asociación de Turismo Destino Boal)