Hace 28 años, Conchi y Luis, una pareja de profesores, ahora jubilados, procedentes de Madrid, se animaron a visitar, aprovechando sus largas vacaciones de verano, Cangas de Foz, por recomendación de unos amigos que solían veranear allí. Allí veranearon durante dos años, y en este segundo año, y a través de un amigo de sus amigos, conocieron Vicedo y descubrieron la playa de Xilloi; fue amor a primera vista. Aunque una vez en Vicedo, tras una primera impresión menos positiva -"la playa de Fomento nos disgustó un poco", comenta Conchi- sus caseros y ahora mejores amigos, Manolo y Marisol, les mostraron otros enclaves naturales como Caolín, Vidriero, Arealonga o Abrela, revelándoles los tesoros ocultos de la zona. Desde entonces, han regresado cada verano a O Vicedo, integrándose en la comunidad y haciendo nuevos amigos. De hecho, para ellos, "el trato que hemos recibido ha sido uno de los mayores atractivos, no sólo el entorno".
Para Luis y Conchi, el cambio de clima de A Mariña es parte del encanto: "en el mismo día hace sol, se nubla y hasta puede llover", asegura Luis, que lo considera "una riqueza enorme", y lejos de ser un inconveniente, les anima a disfrutar de unas vacaciones adaptables y completas. Como maestros, disponen de largas vacaciones y se permiten el lujo de no tener que preocuparse por el tiempo si llueve; "se chove que choiva, como decís vosotros".
En su lugar, buscan alternativas como la piscina, la biblioteca, o actividades deportivas dentro y fuera del pueblo. Luis pone en valor la Casa da Cultura de O Vicedo y la biblioteca, que aprovecha en días muy lluviosos, así como la pista de tenis de Loiva. También recuerda un año en el que "llovió tanto que 20 de los 30 días del mes me fui a la piscina de Xove". Para ambos el deporte es una parte muy importante de sus vidas, en gran parte porque "luego nos gusta mucho comer, y hay que desgastar", dice Conchi. La gastronomía local es una gran parte de por qué vuelven cada año, disfrutando de productos frescos y platos típicos tras largas jornadas de deporte o senderismo.
La pasión de esta pareja por A Mariña ha contagiado también a otros amigos de Madrid, que han empezado a visitar la zona gracias a sus relatos y recomendaciones. "En el piso en el que estamos en agosto, el mes anterior están amigos nuestros, que vienen porque nos oyeron hablar de como se pasaban las vacaciones en Vicedo", dice Luis. El frescor del clima, la calidad de vida tranquila, la rica gastronomía, y las numerosas opciones de ocio, como el surf, kayak o rutas de senderismo promovidas por la Casa da Cultura son algunos de los argumentos que utilizan para atraer a nuevos visitantes.
Pero sin duda, una de las cosas que más les gustan de A Mariña es la hospitalidad gallega. "Nos habían avisado antes de salir, si vas a Galicia y caes bien, el gallego es como un pulpo, te envuelve con sus tentáculos y no sales, y un poco ha sido así", explica Luis, recordando la cálida acogida y las amistades que han ganado. También aprecian la riqueza de la lengua gallega, así como la facilidad con la que los locales alternan al castellano "porque siempre sopesan si comprendes el gallego", así como su integración en el folklore y la vida festiva local; aunque reconocen que cambios recientes en los servicios, como la sanidad local, les entristecen. "La sanidad funcionaba bien, aunque en los últimos dos años hemos visto que ha recaído, no hay un médico en Vicedo prácticamente". Aún así, su amor por el entorno y la gente sigue intacto, y su testimonio simboliza el vínculo profundo entre turista y territorio: 28 años después, siguen enamorados de A Mariña, convencidos de quienes la descubran acabarán regresando, atrapados por su magia y la hospitalidad de los mariñenses.