El berberecho de Foz vuelve a la mesa y con él, toda la historia de la ría
Hay productos que cuentan por sí solos la historia de un lugar. En la costa mariñana, uno de ellos es el berberecho, pequeño, humilde en apariencia, pero imprescindible en la cocina y en la economía del litoral. Este fin de semana vuelve a ocupar el lugar que merece en Foz, donde el puerto se convierte en punto de encuentro para celebrar la Festa do Berberecho, una cita que rinde homenaje a uno de los sabores más reconocibles del mar gallego.
Conocido también como chícaro, el berberecho —cuyo nombre científico es Cerastoderma edule— vive enterrado en fondos arenosos o fangosos próximos a la costa, donde se alimenta filtrando plancton del agua. Su concha, redondeada y marcada por profundas estrías, recuerda a la forma de un corazón, una característica que ha acompañado a este molusco desde sus primeras descripciones científicas. Pero más allá de su biología, lo que lo ha convertido en un auténtico protagonista del recetario gallego es su intenso sabor a mar.
Foz y su riqueza histórica en marisco
La ría de Foz tuvo una abundancia histórica de berberechos, coquinas, navajas y almejas, que se recolectaban en las zonas intermareales como A Rapadoira. Esta riqueza contribuyó a la fama de la villa y alimentó la economía local durante décadas. Sin embargo, la construcción de la vía del tren y la estrechez de su puente alteraron el flujo del río Masma y transformaron la marisma, lo que provocó la pérdida de hábitat de muchas especies marinas.
En Galicia, el berberecho forma parte de una tradición ligada al marisqueo a pie, un trabajo duro y paciente que se realiza en las zonas intermareales con rastrillos y otras herramientas manuales. De esas jornadas en la arena salen miles de pequeños moluscos que, una vez depurados, terminan en mercados, lonjas y cocinas donde su versatilidad lo convierte en ingrediente estrella. En Foz, el nombre local “chícaro” ha viajado por toda A Mariña gracias a las pescantinas que lo comercializaban, llegando a localidades como Lourenzá, Mondoñedo o Abadín.
Basta con abrirlos al vapor para entender por qué son tan apreciados, aunque también brillan en empanadas, arroces o guisos marineros. Su carne es firme, sabrosa y además ligera desde el punto de vista nutricional: aporta proteínas de alto valor biológico y apenas contiene grasa.
Una fiesta que conecta pasado y presente
Este sábado, Foz vuelve a ponerlos en el centro de la mesa. Bajo la carpa instalada en el puerto, vecinos y visitantes podrán degustarlos preparados de múltiples maneras, desde las recetas más tradicionales hasta propuestas elaboradas por manos expertas.
La fiesta no solo celebra un producto, sino también la cultura gastronómica, marinera e histórica de Foz, recordando una época en la que la ría era generosa y la recolección de marisco un motor de la vida local. Cambiar la fecha de enero a después de Semana Santa ha permitido que la tradición se mantenga viva y accesible para vecinos y turistas, consolidando el vínculo entre pasado y presente.