¿Mascarilla de nuevo? Cómo afrontar la temporada de gripe este invierno
La gripe llega antes de lo esperado a A Mariña y el Occidente asturiano, y con ella surge la duda: ¿volveremos a usar la mascarilla estas Navidades? Las autoridades recomiendan precaución en espacios cerrados y con personas vulnerables, aunque descartan su uso generalizado
Desde finales de otoño, España experimenta una temporada de gripe que ha llegado antes de lo esperado y con una transmisión más rápida de lo habitual, especialmente en el norte del país. Varias comunidades autónomas, incluidas Galicia y Asturias, han superado el umbral epidémico semanas antes de lo habitual, lo que ha encendido las alertas sanitarias. Esta aceleración se ha asociado a una variante más transmisible del virus influenza A y a patrones de circulación de otros virus respiratorios que han dejado «espacio» para que la gripe se propague más rápido.
La gripe no es una enfermedad nueva ni inesperada, pero su llegada temprana y su rápida expansión han puesto a prueba la respuesta de los servicios de salud y a la población. En España, la incidencia se ha duplicado en pocas semanas, con especial afectación en menores y adolescentes, aunque no necesariamente con mayor gravedad individual.
En la frontera de dos realidades gripales
A Mariña y el Occidente asturiano comparten algo más que paisaje: una frontera permeable de relaciones humanas y sanitarias. Este vínculo hace que la situación epidemiológica en una comarca afecte inexorablemente a la otra. En Ribadeo, municipio situado justo en la frontera con Asturias, la comunidad se encuentra en alerta por el fuerte incremento de los casos registrado en el Principado, con cientos de vecinos que trabajan o hacen vida social en ambos lados de la frontera.
Según los informes epidemiológicos de la Xunta, la actividad gripal en Galicia mantiene una intensidad baja pero con una tendencia creciente. El número de consultas por gripe en atención primaria ha aumentado en todas las franjas de edad, con especial incidencia en niños pequeños. Esta situación, aunque todavía de intensidad baja comparada con picos europeos, comienza a ser significativa en varios ámbitos sanitarios.
La Consellería de Sanidade incluso ha adelantado que este año podríamos ver dos olas epidémicas: la primera aún activa y una segunda prevista más adelante en la temporada, según el comportamiento observado.
En Asturias, la campaña de vacunación antigripal 2025–2026 comenzó en octubre y se prolongará hasta marzo de 2026. Está enfocada en proteger a los grupos más vulnerables: mayores de 60 años, personas con enfermedades crónicas, embarazadas, niños pequeños y personal sanitario, entre otros. La vacuna sigue siendo, según los expertos y responsables sanitarios, la herramienta más eficaz para prevenir complicaciones severas.
En el Occidente asturiano en particular, se han habilitado puntos de vacunación sin cita previa en horarios de tarde para facilitar el acceso de la población, una medida que ha contribuido a que más de la mitad de los mayores de 64 años ya estén vacunados.
Mientras algunas cifras muestran un aumento de casos, otras fuentes asturianas reflejan que la incidencia todavía es moderada o incluso baja comparada con otras zonas del Cantábrico, y no hay razones para alarma extrema, según las autoridades sanitarias. Sin embargo, subrayan que este es el momento clave para vacunarse y aplicar medidas preventivas, pues la temporada gripal aún está en fase de crecimiento.
Los profesionales sanitarios recomiendan vacunarse, lavarse las manos con frecuencia, ventilar bien las estancias y, ante síntomas respiratorios, usar mascarilla en espacios cerrados y evitar contactos innecesarios. Esta mezcla de prevención y cuidado personal es, según los expertos, la mejor defensa contra la gripe estacional.
La temporada gripal 2025–2026 deja ver que, aunque la gripe siga siendo una enfermedad conocida, su comportamiento puede cambiar de una temporada a otra, como ha ocurrido con su llegada anticipada y su rápida transmisión en el norte de España. La evolución de la gripe deja una lección clara: la sociedad convive ya con los virus respiratorios desde una lógica de prevención y responsabilidad individual, no de alarma colectiva. Las autoridades sanitarias coinciden en que no se prevé una vuelta generalizada a la mascarilla obligatoria, como ocurrió durante la pandemia, pero sí un uso puntual y recomendado en determinados contextos. Centros sanitarios, residencias de mayores, espacios cerrados con personas vulnerables o situaciones en las que alguien presenta síntomas gripales son escenarios donde la mascarilla vuelve a adquirir sentido como herramienta de cuidado, más que como imposición. En este nuevo escenario sanitario, la mascarilla se consolida como un recurso más —al igual que la vacunación o la higiene— que la población puede utilizar de forma consciente para protegerse y proteger a los demás durante los picos de la temporada invernal.