Historia de O Naseiro, la romería que marcó generaciones

Foto de archivo de la romería de O Naseiro, En primer plano la familia Ordoñez, en medio Bermejos y al fondo Donapetrys, en1966. Imagen publicada en el blog El Deseado.
El cronista oficial de Viveiro, Carlos Nuevo, recoge en su libro «O Naseiro de onte a hoxe» la historia de esta popular romería campestre. En conversación con este medio relata también sus orígenes y evolución, desde las nasas del río Landrove hasta las verbenas más multitudinarias

La Romería de O Naseiro es una de las citas más populares del verano en A Mariña. Se celebra en el valle del mismo nombre, en la parroquia de San Pedro de Viveiro, a orillas del río Landrove. Una romería campestre que reúne a miles de personas en torno a la música, la gastronomía y la convivencia. Su historia puede seguirse en «O Naseiro de onte a hoxe», obra del cronista oficial de Viveiro, Carlos Nuevo, que ha estudiado en detalle esta tradición. 

El origen del nombre y del lugar

El topónimo «Naseiro» tiene un origen fluvial. Procede del latín nassa, un aparejo de pesca hecho con juncos, vimbios o madera, con una boca para atrapar la pesca. De nassa derivó Nasario, y de ahí pasó a llamarse así el lugar. Era el sitio donde se guardaban las nasas del río, en un espacio marcado históricamente por la pesca.

El río Landrove —cuyo nombre fue acortado poéticamente por Pastor Díaz a Landro— tuvo siempre gran importancia pesquera. Estaba lleno de caneiros y ya en los siglos XV y XVI hay constancia de disputas por la colocación de cangallas para pescar salmones, reos y otras especies que remontaban la ría, navegable hasta muy cerca de O Naseiro.

La feria de ganado

El antecedente de la fiesta fue una feria de ganado caballar. Como otras ferias francas que surgieron en Galicia en los siglos XVIII y XIX, estaba libre de impuestos. Se sabe que funcionaba normalmente en 1890.

A comienzos del siglo XX, en 1906, la feria estaba en decadencia, pero el Concello trató de recuperarla con un programa especial: carreras de burros y caballos, premios, gaiteiros y actuaciones de música de banda. Se celebraba a finales de mes, con periodicidad mensual. En 1914-1915, el maestro Lois Tobío padre aún la menciona, aunque en «franca decadencia». 

La ermita y la primera novena

A finales de los años veinte, la ermita de la Virgen de la Peña de Francia, en la parroquia de San Pedro, estaba muy deteriorada. La cuidaba María Antonia, conocida como A Sabela, que organizaba la novena anual y adornaba el altar con flores.

En esos años, un joven de la zona, Manuel Fernández —Xan Rico—, temía su destino en el servicio militar. Consultó con A Sabela, que le aconsejó: «Ofrécete á Virxe da Pena de Francia, que é moi avogosa dos quintos». La fortuna quiso que el joven quedara en la Capitanía de Viveiro, y no tuviera que marchar. En agradecimiento, organizó junto a ella una novena el 20 de septiembre, contratando a un acordeonista. Asistieron vecinos de Landrove, Galdo, Valcarría y otras parroquias próximas. La pequeña fiesta gustó tanto que decidieron repetirla.

El impulso vecinal y la ayuda de Barro

En 1927 nació una comisión vecinal de ramistas que dio más entidad a la celebración. Contrataron a una sección de la banda La Torre y levantaron un palco de madera adornado con laurel.

Fue entonces cuando intervino el industrial José Barro, propietario de la fábrica de Chavín. Sugirió cambiar el palco de sitio, ofreció instalar luz eléctrica y envió trabajadores. Desde entonces quedó vinculado al Naseiro, apoyando su crecimiento con medios y publicidad. «A partir de aí comeza a ter unha gran sona», resume Nuevo.

Barro, dueño de la fábrica de luz y de la de carrocerías Barro-Chavín, que tenía la exclusiva de la empresa francesa  De Dion-Bouton para Galicia y Asturias, estaba interesado en que acudiera cuanta más gente mejor. Montaba un stand de exhibición con engranajes de recambios y otras piezas de coches hechos en Chavín, además de radios, frigoríficos y otros aparatos domésticos, aprovechando la fiesta como escaparate para su industria.

De promesa a gran romería

Inicialmente la celebración duraba un día, pero pronto pasó a dos y tres jornadas. Coincidía con el final de las cosechas, cuando los vecinos del valle tenían dinero fresco y necesitaban descanso tras el trabajo del campo. Llegaban en carros cargados de viandas —tocino, patatas o sardinas—.

«Esas pandillas déronlle tal auxe que rapidamente a xente de Viveiro tamén se sumou á celebración», explica el cronista. La romería unía a clases populares y familias acomodadas, que igualmente participaron en la comida campestre, sin mesas al inicio, amenizada por grupos de gaiteros.

La propaganda de una «romería idílica» en las riberas del Landrove, inspirada en las descripciones del poeta Pastor Díaz, y las postales fotográficas de la época contribuyeron a difundir su imagen. Pronto llegaron tómbolas y atracciones de feria de distintos lugares.

Durante la Segunda República ya era una fiesta gastronómica, con verbenas de música variada, iluminación, fuegos artificiales y misa solemne. Pero a diferencia de otras, el culto no fue central: «Curiosamente o Naseiro é a romaría máis goliardesca de todas as de Galicia», apunta Nuevo. La advocación original de la Virgen de la Peña de Francia fue cediendo ante la de la Virgen de los Remedios, impulsada por Barro, originario de Mondoñedo, y por el poeta y maestro Antón Noriega Varela, que cada año componía un poema para los ramistas.

Uno de ellos decía: «Co asenso do mundo enteiro veño a advertiche, romeiro, (se non estás sobre aviso) que á imitación do Naseiro fixo Dios o paraíso».

En los años treinta el éxito fue total: empezaron a llegar excursiones desde Lugo, Ferrol, A Coruña, Asturias e incluso León.

De la guerra a la posguerra

La Guerra Civil supuso un paréntesis breve, pero en los años cuarenta la romería volvió con fuerza. Las comidas se organizaban en mesas abiertas, favoreciendo la convivencia. «A clave era a interacción: falar cos veciños, xogar ás cartas e bailar coa chegada dos gaiteiros á mesa», señala Nuevo, además de otras prácticas propias de la celebración. 

Por aquel entonces ya habían comenzado a surgir las primeras orquestas. En Viveiro se creó en 1929-1930 la Orquestra Variedades, un precedente que marcaría el paso de las bandas iniciales a formaciones más modernas. Poco después nació la Orquestra Amor de Viveiro. Fueron célebres sus duelos, porque una parte del público de la localidad era fan de Variedades y otra de Amor, con la atención puesta en quién tocaba mejor. A partir de la década de los cuarenta el fenómeno se extendió con la presencia de las orquestas más reconocidas de Galicia.

En plena posguerra, pese a la escasez, los vecinos exhibían manteles y vajillas de Sargadelos. La fiesta era un escaparate de abundancia en tiempos difíciles.

Entre los años cuarenta y sesenta pasaron por Viveiro atracciones y espectáculos de todo tipo: el popular Barriga Verde de la familia Silvent, el Teatro Argentino, el Monstruo de Guatemala, el Pozo de la Muerte y muchos otros números. Aquella etapa se caracterizaba por las novedades que llegaban cada año, desde tómbolas hasta atracciones. Incluso en los años 30 aparecían propuestas curiosas que incluían, por ejemplo, animales menos comunes.

En las décadas de los sesenta y setenta, pandillas y grupos organizaban grandes montajes con mesas repletas y disfraces de época. Se puede citar la comparsa del Conde do Sal (Antonio Balseiro Colosía) y del Marqués do Conxelado (Francisco Chao Puentes).

«Festa do Bo Xantar»

En 1969, con Manuel Fraga como ministro de Información y Turismo, la romería fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Desde entonces se consolidó un calendario gastronómico: Día del Pulpo, del Caldo, de los Callos, de las Sardinadas… rituales que aún hoy se celebran.

Con el tiempo las mesas abiertas derivaron en ocasiones en cabañas cerradas, lo que restó interacción vecinal.

«As festas evolucionan, non son algo monolítico», concluye Nuevo. Cada generación adaptó el Naseiro a su tiempo. Hoy sigue siendo una de las grandes romerías de Galicia, heredera de una historia que comenzó con las nasas del Landrove, continuó como feria y novena, y terminó convertida en una cita multitudinaria que marcó generaciones.