El festival Osa do Mar, que hoy es uno de los eventos culturales más esperados en A Mariña, tiene un origen casi improvisado. La idea nació en la barra de un pub de apenas 59 metros cuadrados en el que Diego Campo y Marcos Reimunde formaban parte de la sociedad. Entre conversaciones y ganas de crear algo diferente, comenzó a gestarse el proyecto, que terminó de coger forma tras una visita a un festival portugués en Paredes de Coura, que les sirvió de inspiración.
El nombre no es casualidad: surge como un juego de palabras con la playa de A Marosa, donde se celebraron las primeras ediciones. “Queríamos que el festival estuviese ligado al mar y a nuestra costa”, recuerdan sus organizadores. Sin embargo, la climatología y la dificultad de montar un evento de esas características en la playa obligaron a trasladarlo al centro de Burela, donde poco a poco fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy.
Los comienzos no fueron fáciles. La financiación fue uno de los principales retos y, aunque contaron con apoyos, convencer a los patrocinadores no resultó sencillo. Las primeras ediciones se apoyaron sobre todo en bandas emergentes gallegas, manteniendo esa filosofía que aún hoy caracteriza al festival: apostar por artistas en crecimiento antes de que se conviertan en nombres de referencia.
A lo largo de sus ediciones, el escenario del Osa do Mar ha visto pasar a grupos que hoy llenan grandes recintos, como Arde Bogotá, C. Tangana, Carolina Durante, Xoel López o el colectivo Loco Playa. Una muestra de que el compromiso y el trabajo de la organización han permitido situar a Burela en el mapa de los festivales del norte de Galicia.