Un siglo después, Ribadeo honra al filántropo Ramón González

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En la décima edición del Ribadeo Indiano, la villa rinde homenaje a uno de sus grandes referentes: Ramón González Fernández, el indiano que hizo fortuna en Argentina y regresó para transformar Ribadeo

En esta décima edición del Ribadeo Indiano, el municipio mira hacia sus raíces. Este año, la figura homenajeada no podía ser otra que la de Ramón González Fernández, uno de los indianos más queridos y admirados de la villa, cuyo ejemplo de filantropía y compromiso social sigue iluminando  Ribadeo cien años después.

Nacido en 1856 en el puerto de Porcillán, Ramón González fue desde joven un hombre inquieto. Estudió Náutica y Comercio con la mirada puesta en ultramar. Pronto emprendió el viaje a Argentina, recalando en Rosario de Santa Fe, donde inició su andadura laboral como empleado de comercio.

Pero no era un joven cualquiera. A fuerza de trabajo, determinación y visión empresarial, ascendió rápidamente: primero como socio de la firma Mendeto y Cía, y más tarde como propietario del negocio. En pocos años logró amasar una notable fortuna. Desde Rosario se vinculó a las instituciones clave de la colectividad hispana: fue miembro destacado de la Asociación de Socorros Mutuos, directivo del Club Español y consejero del Banco Español del Río de la Plata.

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En 1899, Ramón González regresó a Galicia con la fortuna hecha, pero no con ánimo de retiro, sino con el firme propósito de devolver a su tierra parte de lo que la vida le había ofrecido. Al instalarse entre Ribadeo y O Porriño —localidad natal de su esposa, Corona González Santos, con quien se casó en 1900— su nombre se convirtió en sinónimo de generosidad.

En Ribadeo, su huella es imborrable. Fue presidente de la Sociedad de Socorros Mutuos e Instrucción La Concordia en 1910 y miembro activo del Ateneo, al que donó fondos para clases, instrumentos musicales y actividades culturales. Financiador de las fiestas patronales de 1925 y mecenas del Teatro, su aportación más emblemática fue la donación de 150.000 pesetas —una cifra colosal para la época— para la adquisición de terrenos y la construcción de la actual Plaza de Abastos. En 1922 fue proclamado Hijo Predilecto de Ribadeo, con una emotiva ceremonia conjunta del Ateneo y La Concordia.

En O Porriño, donde fijó su residencia junto a Corona, su obra filantrópica alcanzó un alcance monumental. En 1913 se inauguró el nuevo templo parroquial costeado por el matrimonio. También financió el edificio del Ayuntamiento, un majestuoso proyecto encargado en 1921 al arquitecto gallego Antonio Palacios, símbolo del resurgimiento artístico y social de la villa. Aportó 40.000 pesetas para ayudar a la población durante el desabastecimiento, sufragó el campo de fútbol local, ayudó a viudas y huérfanos del mar y combatió las consecuencias de la epidemia de gripe de 1918. Todo ello sin pedir nada a cambio.

Una de las facetas menos conocidas pero más conmovedoras de Ramón González fue su apuesta por el talento joven. Financiaba becas para estudiantes sin recursos, como es el caso del pintor Benito Prieto Coussent, a quien ayudó en sus inicios, comprándole obras y brindándole apoyo para su formación. Su visión del mecenazgo no era solo caridad: era inversión en el futuro cultural y humano de Galicia.

Tras su muerte el 15 de diciembre de 1925, la prensa gallega, incluso la más conservadora, se rindió a su figura. El Ideal Gallego elogió su "fondo cristiano y sus obras de amor y caridad". Y así quedó sellado su lugar en la memoria colectiva.

En 2025, el Ribadeo Indiano celebra su X edición y honra a quien representa mejor que nadie el espíritu de esta fiesta: la valentía del emigrante, el éxito del esfuerzo y el retorno transformado en compromiso.

Ramón González fue un impulsor cultural, un mecenas, un mecánico de sueños ajenos. Su ejemplo, junto al de su esposa, nos recuerda que el verdadero legado no se mide en cifras, sino en las vidas que ayuda a cambiar. Hoy, al pasear por la Plaza de Abastos, al disfrutar del Teatro o al recorrer las calles de Ribadeo, su presencia sigue viva. 

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