A orillas de la playa de Arealonga, en la parroquia de Fazouro, Foz, se encuentra uno de los vestigios más singulares del pasado costero gallego: el castro de Fazouro. Situado en la pequeña península conocida como Punta do Castro, este yacimiento arqueológico ofrece una valiosa muestra de la convivencia entre la cultura castreña y la influencia romana, en un enclave de gran valor paisajístico y patrimonial.
Un castro costero único en Galicia
El de Fazouro es el único castro visitable de toda la franja litoral cantábrica gallega y uno de los más excavados. Su situación estratégica, junto al mar, respondía a criterios de vigilancia, aprovechamiento de recursos y defensa. De forma pentagonal y con una superficie de unos 700 metros cuadrados, se cree que parte del asentamiento original pudo perderse a causa de la erosión marina, que ha ido recortando el perfil de la punta con el paso de los siglos.
A pesar de su tamaño reducido en comparación con otros castros del interior, los restos conservados permiten trazar una imagen bastante completa de cómo era la vida en este poblado. Se aprecian claramente las murallas, un gran foso excavado en la roca y las estructuras de varias viviendas. La mayoría son de planta rectangular, signo claro de la influencia romana, aunque también se conserva una de forma ovalada, más cercana a las formas tradicionales castrexas.
Entre lo castrexo y lo romano
Los materiales hallados en las campañas de excavación revelan una ocupación del castro entre el siglo I a. C. y el siglo III d. C., es decir, un periodo clave de transición cultural. La aparición de elementos como una moneda romana de Antoniano, una fíbula, fragmentos cerámicos o un molino circular dan testimonio de esa convivencia entre lo autóctono y lo romano, no exenta de tensiones ni de procesos de transformación.
Uno de los aspectos más interesantes del castro de Fazouro es la evidencia de romanización arquitectónica: el abandono progresivo de las tradicionales construcciones circulares en favor de formas rectangulares, más acordes con el modelo romano. En algunas viviendas excavadas en la zona norte del yacimiento se han documentado bancos adosados a los muros, probablemente usados como zonas de trabajo, así como lajas en el centro de las estancias, destinadas al fuego del hogar. En determinados puntos se aprecian incluso losas de pizarra encajadas en las paredes, lo que ha llevado a los arqueólogos a plantear la posible existencia de una segunda planta.
Un modo de vida ligado al mar
Los restos orgánicos encontrados permiten también reconstruir parte del modo de vida de sus antiguos habitantes, que supieron aprovechar los recursos que ofrecía el entorno. Se ha identificado el consumo de productos del mar y la cría de ganado ovino.
Hoy, el castro de Fazouro es un lugar de visita obligada para quienes se acercan a la costa de Lugo interesados en el pasado antiguo de Galicia. A su valor arqueológico se suma un entorno natural privilegiado, con vistas al mar Cantábrico y muy próximo a otros atractivos del municipio de Foz.
En un territorio donde la romanización dejó profundas huellas, Fazouro representa una pieza clave para comprender cómo se produjo ese contacto cultural en las zonas costeras. Un espacio donde cada piedra y cada traza en el terreno ayudan a reconstruir la historia.