La Asociación Fraternidad fue la promotora de una nueva Jornada ‘Mujer en el Medio Rural’, con la colaboración de emprendedoras del territorio
“Ser mujer con discapacidad en el medio rural no siempre es fácil. A veces cuesta que se nos escuche, que se nos tenga en cuenta o que se confíe en nuestra capacidad para decidir. Pero yo creo que tenemos derecho a opinar, a participar, a elegir cómo queremos vivir y a formar parte activa de la comunidad”, así cerraba hoy Desiré Prieto, persona usuaria de la Residencia que la Asociación Fraternidad tiene en Tapia, la V Jornada “Mujer en el Medio Rural” que la entidad ha celebrado esta mañana en Tapia de Casariego.
Las jornadas como esta, siguió Prieto, “nos ayudan a reivindicar nuestro sitio y a sentir que no estamos solas. Nos recuerdan que las mujeres con discapacidad también somos mujeres rurales, ciudadanas, vecinas y personas con derechos”. Sobre esto también hablaba Mayca G. Collado, gerente de Fraternidad, al inicio de la jornada, haciendo alusión a la doble discriminación que sufren las mujeres con discapacidad intelectual. “Además de la desigualdad de género, tienen más barreras para acceder a la formación, al empleo, a la participación social y, en definitiva, al ejercicio pleno de derechos. Se ha dudado de su capacidad para decidir, para trabajar, para participar, para soñar.” Por eso, añadía, “desde Fraternidad trabajamos para romper ese doble silencio”.
Collado destacó el acompañamiento a las mujeres con discapacidad intelectual para que, con los apoyos adecuados, “construyan sus propios proyectos de vida, refuercen su autoestima, se reconozcan como ciudadanas de pleno derecho y encuentren, en espacios como este, referentes reales donde verse reflejadas y escuchadas”.
Todas esas reivindicaciones y muchas más, las pusieron de manifiesto también las tres protagonistas de la jornada, que dejaron claro que van a seguir peleando para que, como bien dijo Eva Rico, “el entorno rural no se apague nunca”. Rico, actualmente técnica de emergencias sanitarias, y muy vinculada a entidades sociales como Os Mismos de Sempre y Fundación Ambulancia del Deseo, dejó claro que “las mujeres rurales trabajamos haciendo muchas cosas en espacios muy pequeños”, y que “con entusiasmo, actitud y mucho esfuerzo, todo es posible”. Su relación con las personas con discapacidad intelectual de Fraternidad, a través de Os Mismos de Sempre , la quiso titular con una frase y una imagen: “Si todos fuésemos iguales, el mundo sería muy aburrido”.
Por su parte, Yolanda Alzu, fundadora y responsable de Amaido Agroturismo, quiso dejar claro que “aunque todo cuesta mucho sacarlo adelante”, su objetivo diario es “reflejar y poner en valor el medio rural a todas las personas que vienen a San Tirso de Abres y a Amaido”
También participó Andrea Lombardía, diseñadora gráfica e ilustradora, llevó a la jornada “la magia, la ilusión, los sentimientos”, porque esa es la esencia que le aporta lo rural y lo que intenta plasmar día a día en su trabajo. Ella que vivió mucho tiempo en la ciudad, tuvo la necesidad de volver al pueblo porque “el contacto con las personas es fundamental para mí, para ponerle voz y color a los proyectos de otras personas necesito conocerlas y saber cómo son, y eso sólo es posible en lo rural, o al menos es algo único y totalmente diferente”.
Tres ponentes, tres grandes mujeres, que hablaron de felicidad, a las que se les veía sonreír mucho, apasionadas e ilusionadas con lo que hacen a diario, y un fantástico ejemplo para las personas con discapacidad intelectual a las que apoyan entidades como Fraternidad. Como dijo Mari Carmen Martínez, presidenta de Fraternidad, “sus trayectorias nos recuerdan que el mundo rural no es sinónimo de carencia, sino todo lo contrario, de oportunidad, por eso es tan necesario que existan apoyos, compromiso y comunidad.”