“Los que somos de costa la buscamos siempre y yo al menos lo que encuentro en Tapia no lo veo en otro lado”
Pelayo García Acevedo (1996) es de Tapia de Casariego y muy de Tapia. Vive fuera desde hace años pero afirma que aún no encontró algo parecido a la belleza del pueblo costero. Allí creció un niño lleno de curiosidad “por saber cómo funcionaban las cosas” y hoy investiga tratamientos que puedan mejorar enfermedades. Estudió Física en la Universidad de Oviedo y el Máster lo hizo en Santiago de Compostela. Doctorado en Ciencia de Materiales, sueña con ver aplicación a sus investigaciones en un hospital… Ya está pasando.
En su caso, ¿existe la vocación? ¿Siempre quiso dedicarse a esto?
Siempre tuve cierta curiosidad por cómo funcionan las cosas. Y acabando la carrera, cuando tienes que buscar lo que más te gusta, la investigación estuvo ahí como algo que me apasionaba bastante. Yo creo que siempre tuve bastante claro que quería hacer carrera científica. Los que estamos en esto siempre tenemos un componente de vocación, porque sino es complicado estar aquí, pero también tienes que tener un poco de suerte y oportunidades.
¿Fue su caso?
Sí, yo la tuve. Pude empezar a trabajar pronto. No había terminado el Máster y estaba con un contrato de investigación en la Universidad de Santiago. A partir de ahí tuve un contrato que financió mi investigación durante los años de Doctorado, que es lo principal en Ciencia. Es algo a lo que no todo el mundo tiene acceso, yo tuve esa oportunidad. Y según vas avanzando en la Ciencia ya te vas dando cuenta de sí es para ti o no. En mi caso creo que sí. Y también tuve suerte de poder hacer Ciencia relativamente cerca de casa.
¿Sus investigaciones, hasta ahora, se centraron siempre en la misma línea?
Sí, siempre trabajé en la misma línea de investigación, en eso también tuve suerte. Empecé en un Grupo de Investigación que trabajaba con Nanotecnología, nanopartículas magnéticas que utilizamos para tratamientos oncológicos. Y ahora me estoy moviendo más en el diagnóstico.
¿Para qué sirven estas nanopartículas?
Estos nanomateriales se componen de partículas extremadamente pequeñas y, mediante la técnica conocida como hipertermia magnética, permiten generar calor localizado que provoca la ablación de tumores sólidos. En concreto, estas nanopartículas, a través de campos magnéticos externos, generan calor de forma muy localizada sobre el tumor. Actualmente estamos enfocando este tratamiento en un tipo de tumores cerebrales que se conocen como glioblastoma, uno de los tumores con peor diagnóstico y para los que apenas hay tratamiento. En este caso utilizamos la combinación de nanotecnología con hipertermia magnética para dirigir estas nanopartículas al tumor y destruirlo térmicamente. Lo bueno de esta técnica es que se basa en campos magnéticos, es decir, radiación no ionizante y apenas presenta efectos secundarios.
¿Y la otra aplicación de estas partículas?
Otra línea de investigación en la que empleamos estos nanomateriales es en la mejora del diagnóstico de enfermedades mediante resonancias magnéticas. Esta combinación entre nanotecnología y resonancia magnética permite obtener imágenes con una mayor resolución y sensibilidad, permitiendo detectar alteraciones cerebrales en fases mucho más tempranas y de forma mucho más precisa. Por ello abre la puerta a intervenir a tiempo en enfermedades graves como tumores, ictus o trastornos neurodegenerativos, aumentando la eficacia de los tratamientos y, por tanto, mejorando tanto la tasa de supervivencia como reduciendo secuelas graves.
¿Cómo es el trabajo de un científico? Más allá del estereotipo de la bata blanca…
Te consume mucho tiempo, la mente nunca descansa, los científicos somos así. Pero también es cierto que va por épocas. En Ciencia hay momentos de mucho estrés en los que si te tiras muchas horas en el laboratorio y hay otras etapas de más calma. Son altibajos.
¿Y las condiciones? ¿Son tiempos especialmente difíciles para la investigación?
En los últimos años la situación está mejorando pero sigue siendo muy difícil que un investigador pueda estabilizarse con una plaza permanente. Hoy en día, con suerte, conseguir una plaza así no llega hasta los 40 años. Si empiezas como en mi caso, a los 23, te pones casi en veinte años sin tener la oportunidad de tener un contrato estable y con la incertidumbre de si vas a poder seguir o no. Mucha gente se queda en el camino y es una pena. Hay pocas oportunidades para la cantidad de buenos científicos que tenemos. Yo, por ejemplo, tuve un contrato postdoctoral público de la Axencia Galega de Innovación, que me permite financiar mis investigaciones. Pero en mi convocatoria solo se convocaron nueve plazas para todo Galicia y ocho o nueve centros, que sale a una plaza por centro con la cantidad de investigadores que hay en estos sitios... Se están dando pasos y creo que se van a dar pero queda mucho por hacer e invertir.
Si mañana le pudiesen conceder un deseo relacionado con tu trabajo, una cura.. ¿Qué elegirías?
Aquí tiro hacia mi terreno. Los investigadores queremos no solo una cura definitiva, que ojalá, sino que buscamos poder ver que lo que hacemos llega a la gente, a la población. En mi caso, sería poder ver este tratamiento y esa nanotecnología a gran escala en los hospitales y que sea un tratamiento que funcione. Mismamente en Galicia o en cualquier parte. Verlo es una motivación para seguir.
Habla de que lo que hacen llegue a la gente. ¿Cree que es importante la divulgación en su oficio?
Nos lo exigen cada vez más y así debe ser, es nuestra tarea también. Es difícil dar a conocer lo que haces porque tienes que traducir un lenguaje científico a uno más simple pero sí que se tiene que avanzar en este sentido. Que al menos la gente sepa las líneas de investigación que existen. Cada vez los centros de investigación lo fomentan más, en nuestro caso en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) solemos tener visitas de centros escolares y también nos movemos nosotros a institutos y colegios a contar lo que hacemos. Cada vez es más necesario que la gente sepa lo que hacemos. La población tiene que ser consciente de en qué se invierte el dinero público.
Por hacer un guiño a sus paisanos, que tan orgullosos están de usted ¿Qué es lo que más valora o echa de menos de Tapia?
Tapia es un pueblo especial, tiene algo que no lo sabes hasta que no lo vives. Sobre todo cuando pasan los años te das cuenta, la costa, la playa, la gente de Tapia... eso es algo que yo no vi en ningún otro lado. Los que somos de costa la buscamos siempre y yo al menos lo que encuentro en Tapia no lo veo en otro lado.