Historias de mesa en mesa: la esencia de O Naseiro en primera persona

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photo_camera La convivencia en O Naseiro, en una imagen de la mesa de José Miguel Soto.
Pepe Veiga, Natalia Pena, Toni Prieto, Gabi Timiraos y José Miguel Soto nos llevan de mesa en mesa para mostrar cómo se organiza y se vive O Naseiro en Viveiro.

Del 22 al 27 de agosto, el valle de San Pedro acoge la Romaría de O Naseiro, también conocida como Romaría do Bo Xantar. En este reportaje, varias familias y grupos de amigos cuentan cómo se organizan y qué significa para ellos esta tradición transmitida de generación en generación.

«Pandilla do Sanfran»: una mesa con tradición

Pepe Veiga acude a O Naseiro desde que era un niño de menos de un año, primero con sus padres y, desde 1987, con mesa propia junto a su pandilla de amigos, «Pandilla do Sanfran». Hoy siguen reuniéndose cada agosto con hijos y mujeres. «Os días fortes, o sábado e o domingo, somos sobre 30 persoas», explica.

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Mesa «Pandilla do Sanfran», en sus primeros años 

El grupo mantiene el ritual del pulpo el viernes: «Compramos o polbo a xente que pesca en Viveiro e facémolo no Naseiro». El resto es variado: «Outros días encargamos a comida, un pouco de todo».

La mesa, siempre abierta, es para ellos un símbolo: «Nunca pechamos a mesa. Que poida entrar quen queira, que veñan os amigos a visitarnos». También destacan el valor de los reencuentros: «É a festa principal do ano, cando nos xuntamos todos, tamén a xente que está fóra. É entrañable manter esa tradición de ir ao Naseiro».

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Mesa «Pandilla do Sanfran» en el campo de O Naseiro, con el ambiente festivo que se mantiene durante cinco días cada agosto en Viveiro.

 

Natalia Pena: de romera a la comisión organizadora

Natalia Pena reconoce que durante un tiempo dejó de ir a Naseiro tras la muerte de su padre, pero hace unos años decidió retomarlo. «Levo uns anos que o retomei e non quero que se perda», asegura.

Su experiencia fue siempre como romera, junto a la pandilla de amigos. «Estabamos dende o xoves ata o mércores. Buscabamos desfrutar do momento. É unha forma de relacionarte cos demais, de pasalo ben dunha maneira diferente», explica. La organización se repartía entre todos: «Uns encargábanse de facer a compra, outros de cociñar e, como a min nunca me gustou, eu fregaba».

El menú estaba marcado por cada jornada: «A noite do polbo, ao día seguinte carne asada e callos, despois ensaladilla, logo o caldo e o martes as sardiñas».

Este año da un paso más y se incorpora a la comisión. «Espero desfrutar igual, porque se non é dunha maneira, será doutra. Gústame que a xente o pase ben e que non se perdan os costumes», afirma. Lamenta que no se pueda hacer el tradicional descenso humorístico, pero insiste en que «intentaremos seguir traballando por él. O obxectivo é mellorar o programa deste ano».

 

Toni Prieto: entre la familia y la pandilla

Toni Prieto recuerda cómo comenzó a asistir a O Naseiro acompañada de su familia: «Fun ata os 16 ou 17 anos coa miña familia, vivindo o que era O Naseiro de antes», señala, evocando aquellos días en los que su madre y su tía se encargaban de preparar la comida. En relación con las amigas que hoy acuden con ella, apunta que en aquellos años «tiñamos as mesas pegadiñas, abertas, e viámonos unhas ás outras».

Con el tiempo llegó la etapa de la juventud: «Empezamos a ir de xeito compartido, mesturando eses dous Naseiros: comías coa familia e ceabas cos amigos. E despois xa ías cos amigos, que é ese Naseiro que predomina hoxe en día».

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Grupo de amigos de Toni Prieto celebrando el 20 aniversario de su mesa en O Naseiro.

Actualmente comparte mesa con una veintena de amigos, entre niños y adultos. «Non quedamos a durmir alí. Con 18 e 20 anos, algúns rapaces quedaban, pero as chicas nunca o fixemos». La organización del grupo está bien repartida: «Uns montan, outros fan a compra, outros encargan a comida».

Hoy gran parte de los menús se encargan a terceros. «Antes cada un facía unha cousa, pero ao final decidimos encargar. Cambiamos un pouco o menú segundo as necesidades: levamos o polbo o venres, o domingo callos e o sábado caldo, que é cando máis xente somos». Aun así, conservan la tradición de sentarse todos juntos a la mesa con los platos servidos.

Pese a esa evolución, admite que «bótase en falta aquel Naseiro máis aberto, de compartir en conxunto o espírito da romaría».

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Mesa de Toni Prieto en pasadas ediciones de O Naseiro.

 

Gabi Timiraos: recuperar la tradición de las mesas abiertas

Con entre 25 y 27 años, Gabi Timiraos y sus amigos llevan once años montando mesa en O Naseiro. «Antes montábamos con nuestros padres. El año pasado celebramos el décimo aniversario y decidimos recuperar la tradición de las mesas abiertas, para que todo el mundo pueda entrar y compartir», explica.

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Gabi Timiraos y sus amigos, celebrando el décimo aniversario de su caseta en O Naseiro.

El grupo, formado por unas veinte personas, suma distintas formas de vivir la fiesta: algunos se quedan a dormir todos los días, otros suben y bajan a casa. La comida también es compartida: «A veces comemos en el botiquín, otro día nos traen comida nuestros padres, y siempre los padres de un amigo nuestro que montan mesa todos los años nos guardan un plato de caldo caliente», cuenta.

Para él, la diferencia es clara: «Desde el año pasado se está recuperando esa esencia de O Naseiro de toda la vida, que no se debe perder. Nosotros ponemos todo de nuestra parte para que sea así y creo que todos deberíamos aportar nuestro grano de arena para que O Naseiro sea lo que era: compartir tiempo, comida, bebida y relaciones con todo el mundo».

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Grupo de amigos de Gabi Timiraos con la caseta al fondo en O Naseiro.

 

José Miguel Soto: medio siglo de recuerdos

José Miguel Soto, de 50 años, asegura que lleva en O Naseiro desde que nació. «Xa fun dende que nacín, primeiro coa familia, na mesa de sempre, aberta, ao pé do río. Pola tarde facíase a ruta polas mesas: iamos á dos veciños e eles viñan á nosa».

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Familia y amigos de José Miguel Soto compartiendo momentos con música en O Naseiro.

En los años noventa montó su propia mesa con la pandilla de amigos y después se han incorporado los hijos. «Somos máis de 40, temos que facer dous turnos para comer. Algunhas cousas cociñamos alí, outras encargámolas en Viveiro, e coordinámonos ben».

Defiende que la esencia está en mantener la mesa abierta: «Para nós é unha festa do bo xantar, pero sobre todo de compartir. Onde se pasa ben é nesas sobremesas, cando aparecen uns gaiteiros, unha charanga ou un veciño que se para a falar».

Explica que en los últimos años había cambiado el ambiente: «Era unha mágoa, porque se estaba convertendo nun macrobotellón. O ano pasado a comisión pediu respecto, e notouse o cambio».

Su mesa es tradicional: con un toldo superior y cortinas laterales que solo se utilizan en caso de lluvia, lo que la mantiene siempre abierta, y ubicada cada año en el mismo lugar. Además, colocan un póster con fotos para ver la evolución: «dende que eramos cativos ata agora cos fillos». Para él, ese es un símbolo de la continuidad de la fiesta. «Queremos que siga sendo unha festa aberta, para todos», resume.

 

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Mesa en O Naseiro de José Miguel Soto, en el momento de la comida.

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