Así está cambiando la Pancha nuestra forma de comprar en Ribadeo: historias de quienes ya la usan

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En Ribadeo, cada vez son más los vecinos que incorporan la Pancha a su día a día. Lo que empezó como una campaña para apoyar al comercio local se ha convertido en una forma de comprar que crea vínculos, genera ahorro y refuerza el sentimiento de comunidad

Años después de su nacimiento, la Pancha forma parte del día a día de muchos vecinos de Ribadeo. Lo que empezó como una iniciativa para incentivar el comercio local en épocas de menor actividad, hoy es una herramienta digital completamente integrada en la vida cotidiana durante las fechas en las que está en circulación. La Pancha no solo ayuda a mover la economía local: también crea vínculos. Cada compra es, en cierto modo, una decisión colectiva: apoyar al comercio del pueblo. Y para entender su impacto, basta con escuchar la experiencia de quienes la usan.

“Para mí es como un recordatorio de comprar aquí, en casa”

Ana, de 42 años, utiliza la Pancha desde la primera edición. Entonces, los billetes en papel le parecieron casi un juego, “algo bonito, diferente”. Con la llegada del formato digital, la comodidad fue decisiva. “Ahora lo hago todo desde el móvil. Cargo el Panchapeto y listo. Cuando voy a comprar, pago con el código QR y no tengo que pensar más”. Ana trabaja en Ribadeo y dice que la Pancha le ayuda a mantener una rutina de consumo local: “Podría comprar cosas por internet o en grandes superficies, claro. Pero con la Pancha siento que estoy aportando. Es como un recordatorio de comprar aquí, donde vivo”. También reconoce la ventaja económica: por cada 30 euros, recibe 40 Panchas. “Se nota”, asegura. “Sobre todo a final de mes”.

Comercios y clientes: una relación más cercana

En el establecimiento de Sandra, una tienda de ropa del centro, pagar con Pancha se ha vuelto algo habitual: “La gente viene con la Pancha porque sabe que le rinde más y eso nos ayuda a todos. Yo veo más movimiento y más compras medianas durante la campaña”. Sandra cuenta que el pago con QR simplificó muchísimo la gestión: “Antes con los billetes teníamos que contarlos, guardarlos, entregarlos… Ahora es automático. Yo recibo el pago enseguida. Es rápido y seguro”. También aprecia otro detalle: la conversación. “Cuando la gente viene con Pancha, se nota que lo hace con intención. O preguntan dónde pueden usarla o te cuentan en qué otros sitios la gastaron. Hay como una red, un vínculo”.

“La usamos para salir a tomar algo”

Diego y Lucía, pareja joven, confiesan que no pensaron en la Pancha hasta hace un año. Ahora la usan sobre todo en hostelería. “Nos cargamos el monedero con 60 euros y nos dan 80 Panchas. Con eso salimos varios días a tomar algo”, explica Diego. Para ellos, la Pancha no solo es un ahorro, sino una forma de hacer planes: “Nos proponemos probar sitios nuevos. Y al final, eso también hace pueblo”.

Para mayores, una adaptación sencilla

Aunque la digitalización parecía un reto, muchos usuarios mayores han dado el paso. Mari Carmen, 68 años, lo resume con humor: “Si aprendí a hacer videollamadas, también podía aprender esto”. Su hija le ayudó a instalar el Panchapeto en el móvil. Hoy lo usa para comprar en la plaza, la zapaterís y la farmacia: “Voy a los sitios de siempre, solo que ahora con Pancha. Y me cunde más”.

Una moneda que circula y que se queda en Ribadeo

La Pancha sigue manteniendo su propósito central: que el dinero circule en el comercio de proximidad. No sale del municipio, no se fuga a plataformas online ni a grandes cadenas. Cada compra fortalece el mismo entorno al que pertenecen quienes la realizan. Y más allá del beneficio económico, hay algo que todos los usuarios repiten: la Pancha genera pertenencia. No es solo una forma de pagar. Es una forma de decir “aquí vivimos, aquí compramos, aquí nos apoyamos”.

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