Uno de los grandes escaparates comerciales del Occidente asturiano, sirve de encuentro para la comarca, con zonas específicas de artesanía, ganado y bares
Cada año, a primeros de junio, Vegadeo se viste de gala. Con unos atuendos, eso sí, muy vinculados al medio rural, porque la ‘Silvallana’ es por una parte celebración central y ‘día grande’ en la villa, pero también cosa de siempre y del pueblo. El recinto ferial se convierte, por unos días, en el corazón social y comercial del occidente asturiano: expositores, ganado vacuno y caballar, artesanos, empresas agrícolas, familias venidas de cerca y de lejos dan color a una cita reconocida en la primera edición de los Premios Aquí Diario.
Este año, la Feria de Muestras de Vegadeo –conocida popularmente como Silvallana– cumplió 60 años y el aniversario sirvió de homenaje al empeño, la memoria y la identidad de todo un territorio.
La chispa que encendió todo hace seis décadas fue tan festiva como simbólica. En 1964, una caravana de coches y motocicletas engalanadas recorrió las carreteras del occidente astur-galaico, con bocinazos triunfantes y el aliento de las gentes: anunciaban algo nuevo para la comarca, algo ambicioso e ilusionante. Así nació la primera Feria de Muestras de Vegadeo, cuando comerciantes locales, el Ayuntamiento y entidades de la zona tomaron la decisión de abrir un escaparate moderno para el comercio, allá donde en otros tiempos dominaba la feria ganadera tradicional.
Con apenas 25 expositores, el recinto ferial (entonces el Parque de Medal) se convirtió en epicentro económico del occidente, con maquinaria agrícola, forestal y automoción como pilares de esa primera edición. Con los años, la Silvallana fue transformándose, adaptándose y, a la maquinaria se sumaron la artesanía, la gastronomía local y el comercio de productos del hogar. Los concursos de ganado volvieron, el sector industrial encontró su hueco, y la feria no dejó de ser un pulso para la economía local.
Miles de visitantes se reúnen para vivir la feria cada año, que no es solo un mercado sino un punto de encuentro social, un motor para bares, restaurantes, alojamientos y empresas comarcales. Además, es también la segunda feria más antigua de Asturias que, este año, cumple años, se lleva el premio y presume, ante todo, “del legado que nos une”.