Irene Amor, audioprotesista en EoVision de Vegadeo, explica cómo la pérdida auditiva relacionada con la edad afecta a la actividad cerebral y por qué tratarla a tiempo es clave para la salud cognitiva y la calidad de vida
La pérdida auditiva asociada a la edad, conocida como presbiacusia, es la tercera enfermedad crónica más común en personas mayores y la principal causa de hipoacusia. Su avance es lento y progresivo, afectando primero a las frecuencias agudas y dificultando especialmente la comprensión del habla en entornos ruidosos. Esta situación no solo genera molestias físicas como acúfenos, sino también inseguridad comunicativa, frustración y, a largo plazo, aislamiento social.
Según datos recientes, entre los 65 y 75 años, hasta un 25% de las personas presenta pérdidas auditivas significativas, porcentaje que supera el 40% a partir de los 75. Este déficit auditivo limita la participación en conversaciones y reuniones, y puede hacer que la persona se retire poco a poco de actividades sociales para evitar malentendidos o sentirse excluida.
Irene Amor, audioprotesista en EoVision óptica y audiología en Vegadeo, subraya que la audición juega un papel esencial en la cognición: “Cuando el oído falla, el cerebro se apaga”. La pérdida auditiva obliga al cerebro a realizar un esfuerzo adicional para entender lo que se dice, afectando la memoria, la atención y el procesamiento mental. No es raro escuchar expresiones como “Oigo lo que dices, pero no lo entiendo”.
El impacto de la presbiacusia va más allá de la comunicación: el aislamiento social resultante aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, e incluso puede contribuir al desarrollo de demencia. Ignorar esta situación implica subestimar sus consecuencias físicas, emocionales y sociales. Como recuerda Amor: “Oír mejor puede ayudarte a pensar mejor”.
Los audífonos emergen como una intervención segura y efectiva. Estudios recientes, como el ACHIEVE (2023), han demostrado que en adultos mayores con riesgo de deterioro cognitivo, el uso regular de audífonos reduce hasta un 48% el debilitamiento de la memoria y del pensamiento a lo largo de tres años. Además, quienes los utilizan reportan mejoras en la atención, menor cansancio mental y una significativa reducción del aislamiento social.
La rehabilitación auditiva, que combina tecnología y entrenamiento, no solo restaura la audición, sino que también fortalece la comunicación, el bienestar emocional y la participación social. En definitiva, tratar la presbiacusia protege la salud cerebral y mejora la calidad de vida. Porque, como concluye Irene Amor, para vivir bien, es fundamental oír bien.