Encarna Pola Mariñas ha sido reconocida con el Premio Aquí Diario a Vecina del Año del Occidente, un galardón que pone en valor décadas de compromiso, trabajo comunitario y dedicación desinteresada a Tapia de Casariego. Desde muy joven, Encarna entendió la importancia del asociacionismo, la participación ciudadana y la cultura como motores para fortalecer los lazos de un pueblo. Su labor al frente de SOFITAPIA, así como su apoyo constante a otras iniciativas locales, han convertido su figura en un referente de unión, cooperación y espíritu colectivo. En esta entrevista, Encarna comparte su trayectoria, sus motivaciones y su visión sobre lo que significa construir comunidad desde el cariño y el compromiso.
¿Qué te llevó, personalmente, a implicarte tanto en la vida social y cultural de Tapia y a asumir la presidencia de SOFITAPIA?
Me considero una persona con un fuerte sentido de la responsabilidad social. Creo firmemente que la participación ciudadana es crucial para el desarrollo de una sociedad transparente y sintonizada con sus verdaderas necesidades.
Llevo desde los 15 años trabajando en el mundo del asociacionismo y la participación ciudadana; creo en la cooperación para el desarrollo. Yo nací en Tapia de Casariego en 1959 y, a los 11 años, mi familia se trasladó a Santander. Fue allí donde comencé a implicarme en acciones y colectivos del barrio donde vivía: asociación de vecinos, scouts, organización de fiestas, conferencias, actividades para niños, jóvenes y adultos, así como actividades de cooperación internacional. Ya en la Universidad continué participando en revistas, programas de radio, organización de obras de teatro, conferencias, exposiciones, recitales musicales, el Consejo de la Juventud de Cantabria, congresos y encuentros asociativos.
Siempre que regresaba a Tapia por vacaciones intentaba colaborar en las actividades que se programaban: Puerta a Puerta, Alfombras, Cabalgata de Reyes, Día del Bollo… Por mi forma de ser, es lógico que me implique con Tapia, no solo con SOFITAPIA, sino colaborando y participando, en la medida de lo posible, con otras asociaciones y apoyando sus iniciativas.
Participar en asociaciones me ha enriquecido enormemente y me ha aportado un gran aprendizaje. Siempre he tenido una especial vinculación con el asociacionismo, la cultura y la participación ciudadana.
Respecto a asumir la presidencia de SOFITAPIA, había colaborado con diferentes Juntas Directivas en todo lo que podía. Fui secretaria con Leonardo Pérez Pola y, cuando él tuvo que dejar la presidencia y nadie se ofreció a tomar el relevo, consideré que mi compromiso con Tapia merecía mi esfuerzo personal. Participar en SOFITAPIA me ha permitido construir una red de apoyo mutuo y sentirme parte activa de mi pueblo. Me satisface enormemente ver cómo mi contribución, por pequeña que sea, ayuda a fomentar la cultura y el bienestar social en nuestro entorno. Involucrarme en iniciativas culturales y asociativas es mi forma de contribuir a la mejora de mi comunidad promoviendo valores como la inclusión, la diversidad y el pensamiento crítico.
De todas las actividades que organizáis durante el año, ¿cuál dirías que es la que más une al pueblo y por qué?
El Día del Carmen, nuestras Fiestas Patronales. Las Fiestas del Carmen son la celebración más importante de Tapia de Casariego y actúan como el principal evento unificador del pueblo.
La Virgen del Carmen es la patrona de los marineros, y en un pueblo costero como el nuestro, esta celebración es un pilar fundamental de la identidad local. La procesión acompañada por las sirenas de los barcos, las alfombras, la descarga… son momentos de gran emotividad y simbolismo. Las fiestas y sus tradiciones nos permiten conectar con nuestras raíces, recordar nuestros orígenes y reforzar el sentido de pertenencia a nuestra comunidad.
La organización de las Fiestas del Carmen implica a numerosos colectivos, asociaciones y vecinos. Actividades como la elaboración de las alfombras requieren del trabajo voluntario y de la colaboración de mucha gente, fomentando el trabajo en equipo y la cohesión social.
El Carmen es un auténtico “punto de encuentro” para familias, vecinos y visitantes. Son el corazón de Tapia porque conviven nuestra tradición marinera, religiosa y festiva con la participación de todos los vecinos. Es un programa que acoge a personas de todas las edades y refuerza lo que significa formar parte de nuestro pueblo.
¿Qué parte del proceso de organizar las actividades es más desafiante y cuál es más gratificante?
La parte más desafiante suele ser la gestión de recursos, tanto financieros como humanos. La más gratificante llega cuando, después de todo el esfuerzo, el puzzle empieza a encajar y poco a poco se va construyendo un programa festivo y cultural que abarca a todos los colectivos y edades. Es especialmente emocionante ver a la gente disfrutar, emocionarse y vivir cada actividad. Esa sensación compensa el cansancio y las horas de trabajo dedicadas. El resultado final —la alta participación, el ambiente festivo, la unión de la comunidad— te confirma el trabajo bien hecho.
Tu labor ha sido reconocida con el premio “Vecina del Año” en los Premios Aquí Diario 2025. ¿Qué significa este reconocimiento para ti?
Un orgullo, por lo que representa de conexión con mi comunidad, mi pueblo, el valor del trabajo en equipo y el compromiso con el bienestar colectivo. El trabajo es por y para los demás. Para mí, este reconocimiento refleja la fuerza de nuestra comunidad. Lo que hago no es un esfuerzo individual, sino el resultado del apoyo mutuo y del deseo compartido de vivir en un lugar mejor, con el trabajo de todos.
Me siento honrada de ser parte de mi pueblo y de contribuir a su bienestar. Este premio es una inyección de energía y motivación. Me confirma que las pequeñas acciones diarias tienen un impacto real. Más que un reconocimiento personal, lo siento como un homenaje a todos los vecinos y vecinas que se implican desinteresadamente.
Tapia es mi hogar, mi familia extensa. Ver que mis vecinos valoran lo que hago por nuestra convivencia y nuestro entorno es el mayor regalo que podría recibir. Este reconocimiento me recuerda que los lazos que construimos aquí son reales e importantes. Me hace sentir más conectada que nunca con el lugar donde vivo y con su gente. Este premio es, para mí, orgullo y gratitud.
Si tuvieras que dar un consejo a otras personas que quieren implicarse en la vida social y cultural de su pueblo, ¿cuál sería?
Creo que una comunidad se construye con acciones pequeñas, constantes y con la suma de muchas aportaciones individuales. Por eso es importante participar: asistir a reuniones y a los eventos del pueblo ayuda a conocer a la gente, entender cómo funcionan las cosas y saber en qué se está trabajando. También anima a descubrir otros colectivos y asociaciones con los que colaborar.
Siempre merece la pena ofrecer tu tiempo y tus habilidades con compromiso. Y, sobre todo, hacerlo desde el respeto: respetar las tradiciones, escuchar a los vecinos antes de proponer grandes cambios y valorar la historia y la identidad del pueblo. Incluso los gestos más modestos tienen un impacto real. Tampoco hay que desanimarse ante las críticas; si son constructivas, pueden ayudarnos a mejorar. Es imposible agradar a todo el mundo.
Lo esencial es mantener el foco: trabajar pensando en la comunidad y en el bien común, no en los intereses personales. Ese es el verdadero norte.