María Ramona Rodríguez Pérez, conocida como Nita, es una de las personas más presentes —y a la vez más discretas— en la vida diaria de Barreiros. Trabaja en el Concello desde hace 33 años, es responsable del juzgado de paz y del registro civil, participa en actividades locales y forma parte de Protección Civil desde su creación. Toda esa dedicación la llevó a recibir el Premio Vecina del Año en A Mariña de Aquí Diario, un reconocimiento que asegura que no esperaba: «Son moi discreta, gústame estar en segundo plano e non esperaba algo así. É moito de agradecer que se acorden de ti».
Pese a su modestia, reconoce que siempre está disponible para ayudar. «Son unha persoa que me gusta axudar», afirma, aunque insiste en que nunca pensó que ese carácter servicial pudiera ser motivo de un premio.
Nita forma parte de Protección Civil de Barreiros desde el primer día. Ayudó a constituir la agrupación y ha sumado formación y experiencia durante 25 años. Por esa dedicación recibirá la medalla autonómica correspondiente: «É unha medalla que nos dan por levar 25 anos como voluntarios en protección civil». Hoy la agrupación cuenta con 14 voluntarios. «Coordinámonos polo grupo e cada quen vén cando pode.Teño que falar moi ben de todos eles».
Explica que a lo largo de estos años hubo operativos que la marcaron, sin entrar en detalles. «Teño vivido situacións que me afectaron bastante». Para ella, lo más duro no siempre es el operativo en sí, sino la carga emocional cuando se trata de gente conocida.
En su trabajo diario en el juzgado de paz y en el registro civil, son muchos los vecinos que acuden a ella para aclarar trámites o resolver gestiones, especialmente los que no se manejan con la administración digital. Su manera de entender el servicio público es muy clara: «Haz bien y no mires a quién». Y actúa en consecuencia: «A min non me importa se vén alguén e di: “preciso isto”. Pois veña, miro o que faga falta», incluso cuando no se trata de asuntos que le corresponderían. Explica que, en muchas ocasiones, lo que más ayuda es la cercanía: «Ás veces unha boa cara, un pouco de atención…». Y asegura que percibe ese agradecimiento cada día: «A maioría da xente é moi agradecida. Noto o cariño da xente».
Lleva 33 años en el Concello. Entró con un contrato de dos meses para la campaña de incendios forestales y terminó quedándose. «Creo que pasei por case todo no Concello, excepto contabilidade», comenta. Conoce a casi todos los vecinos por su nombre.
Está profundamente ligada al lugar donde nació: Vilamartín Pequeno, la parroquia más pequeña del municipio. Y donde forma parte también de la asociación de vecinos. Su nombre es tradición familiar: «Era miña bisavoa, era miña nai, e teño unha prima que é Ramona e chámanlle Ramonita. A min dende pequena chámanme Nita». Y aún hoy hay quien la confunde: «Aquí moita xente pensa que son Ana, Anita».
Durante más de diez años cuidó a su madre enferma de alzhéimer. «Levaba á miña nai comigo a todas partes,mesmo aos operativos. No coche estaba feliz se me tiña preto». Hubo ocasiones en que tuvo que pagar ayuda para poder acudir a un aviso de Protección Civil. Y aun así, asegura que el voluntariado la ayudó a desconectar: «Do contrario, estaba sempre metida dentro: ou no traballo, ou na casa coa miña nai».
Con los años ha aprendido a manejar la carga emocional: «Cando veño traballar, os problemas teñen que quedar fóra. Cos anos tes experiencia». Aunque nunca busca protagonismo, su presencia es constante, y el reconocimiento la emocionó. Dice que lo que más valora es algo muy simple: «Ver a cara de satisfacción da xente». Y cuando se le pregunta cómo mantiene la calma incluso en los días complicados, vuelve a la frase que mejor la define: «Aos problemas póñolles un sorriso, que queres que faga, que chore?».